viernes, 13 de julio de 2012

DE MI CUADERNO

                                                                I
                               
                                       DE PRONTO, TODO PERDIÓ SENTIDO.
                                       NADA LO TUVO.
                                       NO HUBO AGARRADERO DE QUE ASIRSE:
                                       LAS ASAS DEL DESTINO
                                       SE HABÍAN FUNDIDO TODAS
                                       BAJO EL CALOR DE LA INCERTIDUMBRE.
                                                                   

                                                                              


                                                                     II
                                           LAS PALABRAS HUYERON DE LA MENTE
                                           COMO OBJETOS RESBALANDO
                                           DE UNA MANO ENGRASADA.

                                                                   III

                                           EL CIELO ESTÁ GRIS
                                           MAS, EL PAISAJE
                                           CONTINÚA SIENDO HERMOSO.

                                                                   

                                            

miércoles, 11 de julio de 2012

UN NUEVO RETORNO

¡Buenas noches! Queridos amigos del mundo del blog ¿Quiénes continúan aquí? ¿Quienes han abandonado?
Ausente por casi dos años, tal vez más, mi circunstancia personal al fin es propicia para el regreso. No he podido voltar quando quero pero estoy aquí de nuevo y eso me satisface.
Este tiempo de inercia cibernética me ha dejado en una especie de limbo ciberespacial. La falta de ejercitación me convirtió en una analfabeta funcional en este campo y creo que necesito tomar de nuevo un curso, lo cual no es malo.
Ha sido imposible ingresar a facebook y a hotmail. En gmail encontré 2.714 correos que, por supuesto, borré sin leer ¡En fin! poco a poco iré retomando la rutina y la experticia y aspiro y espero conversar de nuevo con ustedes de tú a tú.
¡Un fuerte abrazo!
Alichín

sábado, 18 de diciembre de 2010

CRÓNICA DE UN PECULIAR CUMPLEAÑOS

(De cómo Alichín celebró sus segundos 15)


En la línea de su antiguo post sobre desastres domésticos va esta crónica en torno a los avataress sufridos por Alichín el pasado 16 cuando, triunfante según ella, arribaba a sus segundos quince años porque, si la Matemática no nos engaña 7 y 8= 15 ¡No hay vuelta de hoja!. Ella (la cumpleañera) había acordado que se reunírían en su casa a degustar un delicioso café y uno que otro dulcito pero, hete aquí que días antes se consumió en ese hogar la última gota de gas para la cocina y, como estamos en Venezuela, ese país donde por suerte o desgracia nos tocó vivir, lograr que PDVSA, [que] ahora es del pueblo, cumpla con el suministro de tal elemento es una verdadera odisea. En fin, llegada la fecha Alichín se hizo la sueca y no dijo ni pío sobre la invitación esperando que a sus amigas no se les ocurriera llegar y en consecuencia, a la hora del te se encontraba toda desaliñada y en pantuflas... De pronto, sonó el timbre y ¡Oh, sorpresa! al abrir la puerta se topó con tres damas elegantísimas gargadas de gosolinas y licores (como dice la antigua canción)... Bien, pues no le quedó otra que recibirlas con una amplia sonrisa intentando esconder las pantuflas una detrás de la otra, lo cual casi la lleva a besar el piso.

Impedida, como es obvio, de ofrecer café recién colado apostó por cafileche pues esta última se puede calentar en el micro y combinar con café instantáneo en polvo. Solucionado el problema de la bebida no espirituosa se degustaron las golosinas e hicieron chistes a costillas del inexistente gas y la anfitriona. Así, llegó el momento de lavar los trastos. Se abre el grifo y ¡Pufffsss! Sólo aire (que no gas)... Ni gota de agua.


-Qué raro- dice Alichín -si quitaron el agua debería estar funcionando el hidroneumático ¡Voy a ver!

Sale y regresa alarmada: -¡Se jodió la bomba! ¡Está encendida y no funciona! ¡NOS QUEDAMOS SIN AAAAGUUUUAAAA!!!!


Conclusión: ¡FELIZ CUMPLEAÑOS CON PATITA - FO!

A las nueve de la noche llegó la hija de Alichín con el pastel ad hoc. Furiosa porque había salido a las tres de la tarde de la oficina y las "colas" en la autopista y la Carretera Panamericana eran de terror (esto puede ser tema de un nuevo post). Otra conclusión: ella y sus dos críos tuvieron que ir en tour de baño a casa de los suegritos.

Llegada la hora de despedida, Alichín seguía escondiendo las pantuflas: Abrazos y besos y
-Mañana sí, no dejen de volver...

Como Dios aprieta pero no ahoga, Alichín localizó un señor experto en bombas hidroneumáticas quien al día siguiente muy temprano arregló un desperfecto y ¡Oh, milagro! La bomba funcionó y Alichín pudo asear sus patitas y perfumarlas. Y, dado que los malos acontecimientos siempre traen algo bueno, el señor experto resultó ser, además, avezado electricista, circunstancia que Alichín, socarronamente, aprovechó para que resolviera varias necesidades de carácter electríco... Pero éste es otro cuento...

Coda final: el pastel se guardó para el día siguiente (Espero postear también esos sucesos porque las desgrásticas no terminan aquí).


[ABRAZOS Y BESOS PARA TODOS MIS AMIGOS BLOGUEROS, A QUIENES NO OLVIDO AUNQUE NO LOS VISITE. LES DESEO FELICES PASCUAS Y ESA MISMA FELICIDAD PARA Y PROSPERIDAD PARA EL AÑO QUE VIENE Y TOOOOODOOOOSSS LOS POR VENIR)

viernes, 27 de noviembre de 2009

DESPERTAR RUDO








Dormida, sobre su propio sueño, imaginaba sensaciones y colores innúmeros. Vapores sutiles, delicados y de suaves aromas la envolvían. De la rama de un árbol de luminosa fronda pendía, cual fruto esplendente, el traje vaporoso que la adornaría en la festividad cercana y, convertida en princesa de los cuentos de hadas, bailaría la danza de la infinita dicha en brazos del galán mil veces presentido…

Un rayo de sol entibió el rostro sucio de sangre y lodo. Apretó los párpados dormidos y los abrió en busca de la irrealidad. Lo opuesto la golpeó de pronto y se vio, rasgado el raído traje y la virtud, en medio de un basural desconocido, como un trasto viejo más. El dolor en medio de sus muslos la llevó a recordar: fueron cinco, uno tras otro los contó. Cinco intrusos escarbando su huerta, lacerando su intimidad. El dolor se hizo inmenso, insoportable y trasmutó hacia el alma…

Recordando el traje luminoso suspiró hondo… Con infinito sufrimiento… cerró los ojos y despidió la vida…

Tenía catorce años y carecía de identidad.
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Texto: Derechos reservados alpara, 2009.
Imágenes bajadas de Internet. Si el uso de alguna(s) de esas imágenes vulnera derechos de autor, se agradece notificárnoslo para proceder a su inmediato retiro.

jueves, 19 de noviembre de 2009

EL MARIDO PERFECTO




He oído decir muchas veces

-¡Caramba, qué falta hace un hombre en la casa!-

Y, por supuesto, no se trata de tener el espécimen para que cumpla con las funciones que su virilidad y la testosterona le imponen, sino que además de eso (o a pesar de ello), resuelve los pequeños problemas domésticos que las féminas no podemos resolver, o no los resolvemos por comodidad o, simplemente, por obedecer la conseja de que “no son oficios de mujeres”. En fin, tenemos en casa a quien “resuelve todo” (Jaja). Así:

1º-Hay que cambiar una bombilla fundida. El marido perfecto pregunta a la esposa inútil:


-¿Mi amor, dónde pusiste la escalera? ¿Me la puedes acercar?


La esposa inútil localiza la escalera que está, por supuesto, en su lugar de costumbre y, como Dios le da a entender, la arrastra hasta donde espera el marido perfecto. Éste con toda parcimonia sube y desde arriba, pregunta con voz levemente alterada:


-¿Y dónde está la bombilla nueva?-


La esposa inútil agarra el artículo de la mesita ubicada justo al lado de donde estuvo el marido perfecto. Éste cambia la bombilla y le dice a la esposa:


-Pasa el interruptor


Ella lo hace, pero la luz no enciende. Él revisa con más detenimiento y descubre que hay un cable suelto. Le dice a ella:


-Búscame el tape para unir el cable a su sitio. Y también me traes unas tijeras.-


Ella atiende con presteza su solicitud. Finalmente el trabajo queda hecho. El marido se baja y desaparece rápidamente tras la puerta de la habitación. En medio del salón quedaron la escalera, las tijeras y los pedazos de tape viejos que el marido perfecto lanzó al suelo y la bombilla nueva que no fue necesario utilizar. En cinco minutos, todo volvió a estar en orden.


2º Hay que cambiar de lugar una repisa ubicada a cierta altura en la pared. El marido perfecto dice que él lo hará en un santiamén. Se repite el episodio de la escalera. Cuando está arriba, le pide a la esposa inútil:


-Tráeme un destornillador.


En minuto y medio ella le entrega el destornillador. Él le grita:


-¡Ese no, idiota! ¡UN DESTORNILLADOR DE ES-TRÍ-AS!


En menos de un minuto la esposa inútil pone en manos del marido perfecto la herramienta requerida. Él quita la repisa de su lugar, la deja caer en las manos de ella, se baja, rueda la escalera hasta el nuevo sitio y sube. Ella, con los brazos en alto, sostiene la repisa (que limpió mientras el marido cambiaba de sitio). Él dice:


-Quédate así, pero un poquito más hacia acá, para ver exactamente dónde la colocaré ¡No bajes los brazos!


Ella empieza a sentir el peso de la repisa y el malestar de sus brazos se acrecienta por segundos. Baja la cabeza, la sube, levanta un pie, lo baja, tratando alejar la inconfortabilidad.


–Necesito un ramplús-


dice él. Ella baja, aliviada los brazos, deja la repisa en el suelo, busca el taladro eléctrico, un sobrecito con ramplús y se lo entrega al marido.


-.Y el ta…?


Ella le entrega el artefacto antes de que él pueda terminar la frase.


–Búscame un pedacito de cartón para hacer una cuñita…


Ella lo trae.


–Dame un vaso de agua-


Cuando ella llega con el agua, él dice:


-No, mejor prepárame una limonada ¡Bien fría! ¡Y sin edulcorante!


No es de extrañar que ella en lugar de edulcorante haya puesto…


¿QUÉ?


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La respuesta la daré en al sección de comentarios...
Relato: derechos reservados alpara
La imagen no es del todo apropiada, pero fue la única que encontré más parecida a la situación que se describe.
Si dicha imagen está sujeta a derechos de autor, se agradece notificárnoslo para proceder a su inmediato retiro

martes, 27 de octubre de 2009

DESANDANDO LA VIDA




Era el atardecer de un día que había sido soleado. A esa hora, la calle se encontraba desierta. Parecía como si nadie nunca hubiese hollado sus antiguas piedras, coloreadas por el musgo de los tiempos. Solamente una brisa fuerte abatía las ramas de los añejos árboles, imprimiendo a la penumbra y al silencio un hálito de vigor y de vida. De pronto, una bandada de pequeñas aves pardas irrumpió entre los árboles buscando cobijo entre sus frondas y, momentáneamente, alegraron el lugar con sus trinos, en son de despedida de un día tal vez afanoso para ellas.
Los cánticos se fueron apagando paulatinamente y el callejón volvió a hundirse en la ausencia de sonidos. Comenzaron a encenderse, como con timidez, las luces de las casas y las de la calle; estas últimas, tan apagadas, tan débiles, que se diría farolitos antiquísimos o lámparas votivas.
Una sombra emergió al extremo de la rúa.

-La tarde que decidí abandonarlo todo, lo hice con el firme propósito de no mirar atrás. Estaba cerrando un capítulo de mi propia novela para comenzar otro, totalmente distinto y, en consecuencia, debía borrar todo aquello que tuviese alguna ligazón con eso que, vertiginosamente, se estaba convirtiendo en pretérito. Pretendí olvidar que tenía una familia: un esposo, unos hijos y una madre. Es decir, debería emerger, después de ese momento, como un ser nacido de la nada; como sirena que brota cual perla, entre las conchas bivalvas de una ostra y se convierte en mujer sin pasado, sin historia… sin vida previa…
-No sabía, entonces, la inviabilidad de aquel propósito. La ingenuidad con la cual había querido dar una solución simple a una circunstancia asaz complicada...

La penumbra otorgaba a la figura la apariencia de una silueta humana, sin sexo definido que avanzaba con lentitud hacia el fondo de la calle. No se podría decir que era un caminar inseguro, era el andar de alguien que deseaba prolongar la caminata lo más posible, como para disfrutar de ella o, tal vez, aprovecharla para ir poniendo en claro los intríngulis del motivo que le condujo hasta allí.

Al pasar debajo de uno de los faroles callejeros la débil iluminación permitió, sin embargo, definir la imprecisa sombra. Se trataba de una mujer, pasados los 50, muy bien ataviada: lucía pantalones negros de lana y de excelente corte, una blusa de seda color lila, estilo camisa, cuyos puños surgían de las mangas alegrando la seriedad del gris-topo del sobretodo que terminaba debajo de las rodillas. Un delgado hilo de perlas adornaba el cuello que había perdido lozanía. Peinada sobriamente, el pelo que comenzaba a encanecer terminaba en un moño sobre la nuca. El clásico peinado, unido al también clásico atuendo, imprimía a la dama gran prestancia. Era evidente el disfrute de una vida holgada, no obstante, un dejo de tristeza cubría la mirada serena de unos ojos claros que conservaban aún la belleza de años más tempranos.



-La calle ha cambiado muy poco -pensó- Sin embargo, seguramente sus habitantes ya no son los mismos, aún siéndolo. Nadie permanece igual durante el transcurrir del tiempo. ¡Los míos! ¿Cuánto habrán cambiado los míos? ¡Por mi culpa!

A los quince años se comprometió en matrimonio con el primer hombre que le habló de amor. Estaba casada antes de cumplir los 16 y, nueve meses y tres días después de la boda, daba a luz su primer hijo. Al año siguiente parió el segundo y así, cada año (a veces hasta cada diez meses) aumentaba la familia con un nuevo miembro. En cinco años había completado la media docena de chiquillos. Estaba conforme. Tenía una buena situación económica y le agradaba dedicarse a los hijos y al marido. Mantener el hogar en perfecto orden y limpieza era su orgullo.
Él era un hombre de trabajo, exitoso. Nunca la maltrató y la complacía con trajes y adornitos para la casa, no obstante siempre fue distante y poco apasionado. Se comunicaban apenas cuando una que otra noche, a él se le ocurría pedirle que lo acompañara con una copita de licor y, entonces, solía comentar algún incidente del trabajo o de la vida de la ciudad. De resto, cruzaban las palabras indispensables sobre los niños y los asuntos domésticos en general. Para ella, su mundo funcionaba a la perfección. No podía ser de otra manera. Nunca había conocido otra forma de vivir.

-Realmente, no sé qué estoy haciendo aquí ni qué puedo encontrar. Sólo la indiferencia rencorosa de mis hijos y los reproches de mi anciana madre… ¡Mis hijos! ¡Mi madre! ¡Qué gran mentira! Ya ninguno de ellos me pertenece. Ni siquiera los reconoceré y los más pequeños no tendrán idea de quién soy.

La última casa, ubicada transversalmente entre las dos aceras ponía término a la calle. Tenía una corta valla vegetal que la independizaba del exterior. Un pequeño y bien cuidado jardín precedía la vivienda. Ésta, cubierta de falsa hiedra se erguía orgullosa entre una palma real y un hermoso apamate de flores blanquísimas. En la pequeña ventana de la buhardilla asomaba el rostro de una mujer anciana que miraba a lo lejos. Parecía no haber notado que alguien avanzaba hacia la morada. La mujer llegó hasta la vieja puerta de hierro y con suavidad la abrió. La puerta chirrió cediendo a la presión y la anciana miró hacia abajo. Preguntó:

-¿Quién es? ¿Qué desea? - Era una voz cansada, entristecida. La intrusa inquirió a su vez:

- -¿Angélica? ¿Señora Angélica?
- -¡Sí! ¿Quién es? ¿Qué busca?
- -¡Madre, soy yo, Aminta!

No hubo respuesta inmediata. El silencio se tornó más denso. La mirada de la anciana se dirigió, por encima de la visitante, hacia el comienzo de la calle, como si esperara algo más… Permaneció callada unos minutos. Luego, casi sin inflexiones, comenzó a hablar:

Aminta! ¡Ah, sí! Tuve una hija llamada así. ¡Aminta! La mayor de mis hijos. Murió ¿Sabe? Murió hace más de quince años ¡Pobrecita! Lo recuerdo como si fuera ayer: Federico, su viudo, insistió en sepultarla con su atavío nupcial ¡Estaba lindísima! ¡Parecía un ángel! Dejó seis huérfanos y un viudo inconsolable ¡La amaba tanto! Y ¿Cómo no? Si ella fue una maravillosa esposa y abnegada madre ¡Fue una lástima que El Señor la llamara a su lado tan pronto! Aunque, quizá su muerte convenía. Así no sufrió la pérdida de Felipe, el hijo mayor… Ingresó al ejército… y limpiando su arma de reglamento se le escapó un tiro… ¡Fue una muerte instantánea! ¡Claro que hubo comentarios! La gente es mala… Los demás… por el mundo. Todos con su vida hecha. Todos con una buena vida, siguiendo el ejemplo de sus padres. Por eso Federico partió feliz, con la satisfacción de haber cumplido correctamente su misión en este mundo ¡El mejor de mis hijos, tal vez! Sin haberlo parido…

Aminta no pronunció palabra. Se quedó mirando largamente el rostro anciano. Angélica tampoco agregó nada. Permaneció callada sin mirar a la otra que, lentamente, se dio vuelta y, despacio, muy despacio, desanduvo el camino. Caída ya totalmente la noche, la figura se fue tornando otra vez imprecisa entre las sombras. Acompañada sólo por el silencio del entorno y el leve sonido de sus pasos sobre el pavimento se iba diluyendo en la penumbra...hasta perderse totalmente tras el último recodo.




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Esto escribió Alichín, en Colinas de Carrizal, en octubre de 2009. Este relato es producto de la
imaginación de su autora, cualquier parecido con acontecimientos reales es pura coincidencia.
Derechos reservados.
Imágenes bajadas de Internet. Si alguien considera que se han vulnerado los derechos de
autor al colocarlas aquí, favor comunicarse con nosotros para desincorporarlas de inmediato.

























































sábado, 4 de abril de 2009

¿ V O L V E R ?








Entró en el almacén de manera despreocupada; no llevaba en mente compra alguna, solo curiosear y dejar a la casualidad el acto de adquirir alguna mercadería. Lejos también de sus pensares el encuentro con alguien conocido, considerando que su paso por la tienda no era otra cosa más que el acto de una turista aprovechando sus últimas horas de permanencia en el lugar. Aunque estaba en calma, un leve cosquilleo comenzaba a manifestarse a la altura del estómago, acentuándose a medida que se acercaba la hora de la partida. Partir significaba regreso; volver a donde no quería, al lugar donde nada grato la esperaba. En su caminata solitaria por las calles de la ciudad turística y alegre, su mente volaba hacia situaciones imaginarias que la liberaban de la obligada permanencia en el lugar a donde no deseaba regresar. Se contemplaba arrastrando su Carrión hacia la plaza contigua a la Catedral, observando el ir y venir de las palomas acostumbradas a los transeúntes que, eventualmente, les lanzaban comida. Se veía sentándose calmadamente en uno de los bancos, abandonando el maletín a un lado. Dejaba transcurrir el tiempo sin apremios, suavemente… De vez en cuando, echaba una rápida mirada a su reloj pulsera, constatando cada vez que su tiempo se agotaba y debía emprender el rumbo hacia el aeropuerto. No parecía dar importancia a nada. Finalmente una amplia sonrisa de satisfacción ocupaba su rostro aún atractivo. Dio un último vistazo al reloj que marcaba, severo, la hora justa de embarque. Sí, en ese momento la voz monótona del aeropuerto alertaría a los pasajeros que era la última llamada ante el embarque inminente; escuchaba que los altavoces repetían su nombre y que, finalmente, indicaban que el coche nocturno se disponía a partir… Mientras, ella, serena y silenciosa celebraba en su fuero interno, con alborozo, la decisión improvisada que la mantendría alejada para siempre de una realidad aciaga.



Comenzó a registrar, sin entusiasmo, la ropa colocada en los grandes mesones, clasificada por tipo de prenda y color. Al levantar una blusa de seda blanca su mirada se desvió hacia una figura femenina que, en otra mesa, también hurgaba la ropa, de espaldas a ella. Sintió una punzada en el pecho y un frío comenzó a circular por su cuerpo. Sin duda era ella, su media hermana, de quien se había separado hacía tantos años. Sintió un temor incontenible y, no obstante, no podía quitar los ojos de la figura femenina, cuyo pelo recogido en la nuca le aseguraba que se trataba de la persona que menos quería encontrar en esos momentos. Quiso echar a correr desenfrenada para poner distancia entre ambas, para que la otra no llegara a notar su presencia. En cambio, permaneció clavada en el sitio como si una enorme fuerza le impidiera el movimiento. La otra mujer, sintiendo tal vez el peso de su mirada giró bruscamente. Sus ojos, ocultos tras los anteojos de sol se clavaron en los serenos y azules de su hermana cuyo rostro no denotó ningún sentimiento. Con voz pausada dijo:
-¡Vaya, finalmente volvemos a vernos! Sabía que iba a ser así aunque no pensé que sería hoy ni en este lugar- No hizo ningún gesto y ella quedó muda, con los labios entreabiertos como para decir algo. La otra sin cambiar su rostro inexpresivo levantó los brazos y los extendió hacia ella en un gesto amigable, incitando al abrazo; la mirada se hizo dulcísima y una amplia sonrisa dio a su faz una luminosidad inesperada, volvió a ser la hermana amada y amante…
-¡Soy tan infeliz1- casi gritó y se lanzo con violencia hacia la otra estrechándola con fuerza..
-No será más así- dijo con suavidad su hermana. Vuelve a nosotros y el tiempo hará el resto… Aquí se te quiere bien y tú lo sabes. No tienes por qué volver.
Tomadas por la cintura salieron de la tienda y emprendieron la marcha , sin rumbo fijo, por la amplia e iluminada avenida. Caminaron en silencio disfrutándose. Atardecía, el cielo iba tiñéndose con el arrebol y, a trechos, algunas pocas nubes oscuras unidas al rosa, se tornaban de un hermoso color lila intenso. La noche fue cayendo silenciosa y oscura opacando la alegría de los tonos celestiales y a las dos figuras entrelazadas que, sin hablar intercambiaban el afecto a través de sus cuerpos. Mientras, en el aeropuerto, una voz monótona anunciaba la partida del vuelo 715, apremiando a los pasajeros a abordar el avión por la puerta número nueve.


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Derechos resevados.

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