

I
Sólo la luz quedó
cuando no estuviste…
II
El bramido de la luz
encegueció mi mente.
III
Los bordes del silencio
se me antojan cadenas.

IV
La voz del silencio me habló:
Comprendí todo.

V
¡Qué hermosa la soledad
Cuando se acompaña con la plenitud!
VI
¡Cuánto tiempo empleé sin darme cuenta de
que la solitud y la libertad son hermanas gemelas!
VII
He andado tanto
sin que mi planta holle sobre el cansancio…

VIII
En el fragoroso devenir de los días
la dicha le va ganando campo a la congoja.
IX
Me elevé hasta las nubes en un soplo de brisa,
me sentí hoja danzarina
entre las olas del viento.
Me agobia sentirme prisionera
XI
La mirada fija en ningún punto,
al ritmo de mi respiración acompasada,
alcanzó a trascender la visión de lo obvio.

XII
En la serenidad de noches luminosas
he encontrado los rastros
de esos seres alados
que nos rozan el alma con suspiros.

[Esto escribió Alichín una madrugada de Abril...]
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