
COSAS DE PUERTOS *
En mi infancia, yo conocí los barcos
y supe de los puertos:
Escuché las sirenas repetir, como un eco,
el llanto del adiós.
Contemplé los cadáveres de naves
llenos de orín y algas;
y las olas golpeando en el acantilado,
y las boyas flotando
como guardias de un bosque en movimiento.
Vi también las gaviotas
entre el humo que brota
desde las chimeneas de los buques en marcha.
Y el sollozo escondido, la sonrisa lejana.
Supe de la tristeza
del que se va y no vuelve;
del que se queda en puerto mirando el horizonte,
viendo como se borran en medio de la bruma,
las siluetas distantes de sus seres queridos.
Conocí la alegría de quien
volvió con vida...
Comprendí la nostalgia de quien
no partió nunca...
y quedó en la bahía imaginando nieves,
y campiñas y selvas y también otros mares.
Y descubrí en la noche del puerto solitario
transitar los fantasmas
de quienes no volvieron:
de los marinos viejos que murieron en tierra,
de los viejos marinos
que entregaron la vida en mitad del océano...
De quienes no han nacido,
pero saldrán mañana por esa misma rada...
...
Yo también, hace tiempo,
salí por ese puerto hacia otro puerto ignoto.
Y me quedé mirando el malecón amado
borrarse lentamente, como aquellas figuras
que dibujan las nubes cuando las borra el viento.
Vi apagarse, en silencio,
cada luz de mi puerto, cada techo de tejas,
cada gaviota altiva...
Y el contorno global
de esa hermosa bahía
¡Que nunca he vuelto a ver!
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* De: Sensaciones de la vigilia. 1995.