domingo, 23 de diciembre de 2007

DE REGRESO CON TRES CUARTOS

( * )
Después de una ausencia relativamente prolongada, regreso al ruedo. Me he demorado en hacerlo porque algunas pequeñas actividades me han restado tiempo pero, en realidad, ha sido más que todo porque mi musa inspiradora se declaró en huelga pidiendo, por supuesto, aumento de salario. Y aunque todavía no accedo a su petición (como buena patrona), veré qué puedo lograr sin su valiosa ayuda.

Estuve siete cortos días en el país de las oportunidades. Como buena hija de esta tierra a pesar de que no puedo decir ya “ta’barato, dame dos”, no pude evitar la tentación de ir de “shoping” para poder sacar (gastándolos) algunos dolaritos de la cuota que a bien tiene concederme este inefable gobierno. De esos siete días perdimos dos porque tuvimos que trasladarnos vía Atlanta (a pesar de la “crisis” no había cupo para los vuelos directos), por ello, nos quedaron solamente cinco días, de los cuales también perdí dos porque al llegar extravié una de las tarjetas de crédito y hube de esperar ese tiempo para su reposición. De todos modos, la estada fue muy grata y el toparme con un mundo organizado y muy limpio me hizo sentir en excelente estado de ánimo, aun cuando no pude conocer el centro turístico más importante, es decir, Miami, y nos quedamos siempre en Boca Ratón (no sé si será la del Ratón Mikie). Por fortuna, lugares donde ir de compras es lo que sobra en aquellas tierras, por ello, “patié” cuanto centro comercial existe y, como consecuencia, rebajé unos tres kilogramos. Es decir ¡estoy esbelta!

También como buena venezolana no podía dejar de ir a Disney, para fotografiarme con el gorrito orejón imagen del Ratón Miguelito. Fue un paseo festinado aunque agradable puesto que volver a la infancia es una vivencia que no tiene precio y, sobre todo, por la alegría descomunal que manifestó mi nieto Andrés Alejandro: Poder ver y tocar los personajes de sus tiras cómicas, cuentos y programas de tevé fue para él un preciosísimo regalo. Creo que todos disfrutamos más viendo cómo él lo hacía.

Para rematar, al final de la noche se me ocurrió entrar en una atracción que prometía un viaje por el espacio sideral. No me imaginé nunca que tal viaje era hermano gemelo de la montaña rusa. No quiero explicar ni repetir los improperios y palabrotas que grité con cada caída vertiginosa y giros idem. Me sirvió, sin embargo, para constatar que mi corazón aún funciona bastante bien pues, de otro modo, habría quedado difunta en el sitio.

De regreso, tuvimos que permanecer siete horas en Atlanta, las cuales aprovechamos para dar un paseo relámpago por el centro de la ciudad. Llegamos a nuestra casa a las doce y algo más de la noche, más muertos que vivos ¡Pero contentos (también como buenos venezolanos) porque estuvimos en USA! Aclaro, nunca fui muy aficionada al país del Norte (por aquello del sarampión juvenil izquierdoso) pero, desde que El Innombrable machaca cada día que USA es el enemigo público número uno siento un “no sé qué” de atracción y ternura hacia esa tierra.




Se preguntarán qué quiere decir eso de “con tres cuartos”. Bien, nada más y nada menos que el pasado domingo 16 alcancé la graciosa suma de ¡TRES CUARTOS DE SIGLO!!!!. Eso sí, siendo “una mujer sana, saludable, inteligente, joven, bella, feliz y próspera”. Lema que repito cada día frente al espejo como una manera de alcanzar todo eso que digo y, de tanto repetirlo, me lo creo y así al menos, me hace sentir sana y feliz, lo cual no es poca cosa, creo.

A mis amigos del ciberespacio les deseo unas Navidades llenas de amor, armonía y paz. Sobre todo mucho amor. Es lo que deseo para mí y los míos. Que el espíritu del Altísimo (cualquiera que sea ese Ser para ustedes) los cubra en estos días y todos los días por venir pues, eso de desear ventura por unos cuantos días me parece un despropósito. Que todos seamos cada día un poquitín mejores y no olvidemos que debemos luchar por nuestra felicidad y también por la Paz Universal. Seamos todos esparcidores de luz, de amor, de fantasía y amemos nuestro Planeta y nuestro entorno como si fueran nuestra propiedad privada pues, de hecho, lo son.

Recordemos nuestra infancia sin anclarnos en ella. Luchemos porque los niños de mañana tengan un lugar grato y una vida decente en esta tierra. Un mínimo esfuerzo de cada uno de nosotros puede redundar en un gran esfuerzo colectivo.


¡FELIZ NAVIDAD!





¡FELIZ AÑO 2008!




¡FELIZ, LARGA Y PRÓSPERA VIDA PARA TODOS!


¡LOS AMO MUCHO!!!


( ** )
(Esto escribió Alichín a la media noche del 17-18/12/2007. Feliz por los tres cuartos y porque el día 2 de diciembre el pueblo le dijo ¡NOOOOOOOOO!!!!! al tipo aquél).
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( * ) La "trescuartosa"
( ** ) La protagonista, mi Reina, mi bella hermana (con collarín) y mi precioso nieto Andrés A.

lunes, 26 de noviembre de 2007

C O M E N T A R I O S










A MIS QUERIDOS AMIGOS BLOGUEROS:

HE ESTADO AUSENTE PORQUE EL PASADO SÁBADO 24 DE NOVIEMBRE CELEBRAMOS EL TERCER AÑITO DE MI NIETO ANDRÉS ALEJANDRO Y, EN CONSECUENCIA, NO TENÍA TIEMPO PARA NINGUNA OTRA COSA QUE NO FUERA PREPARAR LA FIESTA. ÉSTA RESULTÓ LINDÍSIMA: LA HICIMOS EN UN PARQUESITO INFANTIL SITUADO EN LA AZOTEA DE UN CENTRO COMERCIAL DE NUESTRA ZONA. EL MOTIVO, ESCOGIDO POR ÉL, FUE LAZY TOWN, UNA SERIE INFANTIL QUE TRANSMITE DISCOVERY KIDS Y CON LA CUAL ANDRÉS ESTÁ "ARREBATADO". LAS CRIATURITAS DISFRUTARON ENORMEMENTE, LO CUAL FUE UNA HERMOSA RETRIBUCIÓN PARA NUESTRO CANSANCIO. VERÉ SI PUEDO INCLUIR ALGUNAS FOTOGRAFÍAS. ES UNA LÁSTIMA QUE YO NO SEPA AÚN MANEJAR LAS IMÁGENES CON LA PERICIA QUE EXHIBEN ALGUNOS DE USTEDES. AL MENOS LAS COLOCARÉ COMO SI FUERAN UNA "TUSA", Y SI QUEDAN NÍTIDAS CON ESO ME CONFORMO. BIEN, TODOS ESTÁN INVITADOS. PASEN ADELANTE. ¡BIENVENIDOS!





DESEO QUE SE HAYAN DIVERTIIIIIIDOOOO MUUUUUCHOOOOO.

MI AUSENCIA DURARÁ HASTA EL PRÓXIMO LUNES 10 DE DICIEMBRE, PUES NOS VAMOS TODA LA FAMILIA PARA MIAMI EL LUNES 03 DE ESE MES, ES DECIR, EL DÍA DESPUÉS. ESPERO, DESEO, ANHELO, QUIERO, NECESITO QUE A MI REGRESO LAS "COSAS" HAYAN MEJORADO PARA VENEZUELA, QUE SE HAYA DERROTADO EL INTENTO DE IMPONER UNA CONSTITUCIÓN COMUNISTA Y PODAMOS TENER UNA LEVE ESPERANZA DE PAZ. SI ESO ES ASÍ, EL MUNDO ENTERO GANARÁ...

LOS QUIERO MUCHO A TODOS... BEEEESOOOOSSS Y ABRAAAAZOOOOS. ¡HASTA PRONTO!!!!!

ALICHÍN

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Imagen inicial robada a Gustavo Misle Giraud. Ojalá que no se entere porque es muy iracundo y no quisiera ser víctima de su mal genio.... ¡Mentira! ¡El tipo es un amor de persona! (Por eso le roban sus creaciones... ) Jajajaja. ¡Más beeesssooosss y aaaabraaaazzzoooosss!














jueves, 8 de noviembre de 2007

NUNCA UN ¡COÑO! FUE MEJOR EMPLEADO


Imagen tomada de talcualdigital.com

Como todos los días venía de regreso de entregar a mi nieto en su colegio y, también como todos los días, oía el programa de Idania CHIRINOS por la emisora Unión Radio. La periodista comenta los acontecimientos de ayer en la Universidad Central de Venezuela, específicamente en la Escuela de Trabajo Social. Para ahondar en los hechos conecta telefónicamente al profesor Adolfo HERRERA, Director de la Escuela de Comunicación Social, aledaña a la primera de las nombradas.

Al iniciar la entrevista Idania pregunta al Prof. HERRERA el por qué, a su juicio, fue atacada específicamente la Escuela de Trabajo Social por un numeroso grupo de motorizados armados. Explicó el profesor que la comunidad de esa Escuela afecta al Presidente CHÁVEZ, había perdido las elecciones y la nueva Directora quien es una persona de índole democrática, independiente, había ejercido sus funciones impidiendo que la Escuela continuara siendo refugio de quienes agredían a estudiantes e instalaciones de la Universidad como respuesta a las posiciones contrarias a la política adelantada por el jefe del gobierno. Preguntó además la periodista cómo era posible que un contingente tal de motorizados entrara a la Universidad sin ningún impedimento. Responde el docente que por ser la Universidad una institución democrática se permite el ingreso de muchas personas a sus instalaciones, incluso turistas que van en busca de las distintas obras de arte, especialmente la contemplación de las nubes de CALDER y destaca la importancia de nuestra institución universitaria como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Continúa el docente explicando los acontecimientos y de cómo fueron agredidos varios estudiantes. De pronto, se hace silencio. El profesor calla. Entendí de inmediato qué sucedía y mis ojos, solidarios con el colega, se humedecieron. En efecto, ahogado por el llanto el profesor HERRERA no podía continuar. La periodista insiste: -Aló, Profesor. Surge una voz de varón, enronquecida por las lágrimas. Lágrimas de dolor, de ira y de impotencia. Y esa voz grita: ¡COÑO! No hubo pitico sensor. No pude captar con claridad qué continuó diciendo, pero fue algo así como que no podía evitar recordar la imagen del rostro ensangrentado de un estudiante, herido a mansalva por uno de los motorizados. Y todavía entre sollozos repitió el ¡COÑO! catártico. –“Entiendo- dice Idania –Entiendo su emoción profesor HERRERA. No pude escuchar con claridad nada más. Junto a Adolfo HERRERA, yo lloraba también, emocionada con su emoción, solidaria con su llanto porque como a él me duelen MI UNIVERSIDAD y esos valientes estudiantes quienes, gallardamente, desde hace ya varios días defienden la democracia y la libertad de Venezuela a lo largo y ancho del país. Después de dos décadas de silencio (ha apuntado alguna persona) los estudiantes se hacen oír con hidalguía, ante el mundo.

¡Gracias, Profesor HERRERA! Gracias por su llanto. Viriles lágrimas de hombre que no desmaya en la lucha por la reconquista de la libertad perdida. ¡NUNCA UN COÑO FUE MEJOR Y MÁS HERMOSAMENTE EMPLEADO!



Imagen tomada de eluniversal.com


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"SI UN TIRANO ES UN SOLO HOMBRE Y SUS SÚBDITOS SON MUCHOS ¿POR QUÉ CONSIENTEN ELLOS SU PROPIA ESCLAVITUD?"
Étienne de la Boétie (1530-1563).










martes, 6 de noviembre de 2007

CENIZAS CANDENTES *

* La idea del relato que va a continuación surgió de un comentario que me dejó mi amigo Genín (http://miherenciablogspot.blogspot.com/) en mi casita del ciberespacio. De allí que seamos corresponsables por el resultado (Esto seguramente no le va a gustar mucho a Geni -shstshst...-






Testigo de su propia incineración desde la ignota altura, sintió un ligero escalofrío recorrerle el punto focal de su espalda. Se vio alongarse hacia lo abismal hasta tocar las cenizas. Introdujo sus manos friolentas en ellas, como hundiéndolas en la tibieza de la arena en una playa solitaria. Hubo de retirarlas con presteza pues las cenizas ardían todavía. Se miró con asombro las manos enrojecidas. Las observó con detenimiento mientras soportaba la incomodidad de un ardor que se acentuaba por momentos. -¡Se me están quemando las manos!- pensó espantado. Permaneció caviloso. No sabía explicarse que le sucedía, pero sentía que era algo absurdo e ingente al mismo tiempo. De pronto exclamó: -¡Claro! ¡Me estoy quemando con mis propias cenizas! ¡Me re-quemo! Y esto podría ser un proceso infinito. Me vuelvo cenizas otra vez. Me observo e introduzco mis manos en mis propios escombros incandescentes y vuelvo a quemarme… Y así, una vez y otra, sin término. ¿Es esto acaso el Averno? ¿Estoy condenado a purgar mis culpas de esta horrible manera?

Se despertó sudoroso. Necesitó algunos segundos para tomar conciencia del lugar donde se hallaba. Rememoró el sueño y se sintió intranquilo por la frecuencia de las pesadillas. Si bien sus sueños no eran recurrentes, hasta el momento, si le resultaban angustiosos ya que cada vez dejaban atrás la placidez y se tornaban mortificantes. Particularmente el que acababa de tener lo impresionó como ningún otro en tanto que planteaba una idea que muchas veces le había resultado atractiva para algún relato. No sabía si lo fantasioso de sus cuentos iba anidando en el subconsciente para luego aflorar en forma de pesadilla. Lo cierto era que al día siguiente de haber soñado con situaciones penosas o simplemente desagradables le costaba retomar su rutina con naturalidad. Los sueños estaban afectando su vida cotidiana. Por otra parte, una natural desconfianza hacia psiquiatras y psicólogos le impedía buscar ayuda profesional mientras su existencia se iba tornando cada vez más caótica. Cada día producía menos. Una especie de abulia lo dominaba entorpeciendo su disposición hacia el trabajo que siempre lo había acompañado.
Con el tiempo comenzó a tener temor de dormirse, a tal grado habían llegado la frecuencia y duración de las pesadillas. La escena de las propias cenizas se repetía ahora cada vez más aunque con algunas variantes. Comenzó a ingerir pastillas para mantener la vigilia, sin poder aprovechar ésta para el trabajo. Si bien el medicamento lo mantenía despierto, no le proporcionaba energías para la creación. El desvelo también comenzó a hacerse insoportable. Su mente despierta comenzó a embotarse y los ensueños fueron surgiendo progresivamente durante el insomnio artificial. Buscó en el alcohol un posible remedio. Retomó la costumbre de fumar, abandonada hacía varios años. En lugar de encontrar remedio, el humo del cigarrillo, los vapores del licor y el efecto de las pastillas conformaron una amalgama intoxicante que se volvió en su contra. Los sueños y las pesadillas se tornaron alucinaciones: se miraba a sí mismo revolcarse enloquecido en un montón de cenizas candentes, en tanto que los glaciares rayos lunares se le antojaban antorchas incandescentes, persiguiéndolo como perros furiosos.

Otra vez, alcanzada una especie de duermevela, vivió una nueva escena aterradora: de una gigantesca máquina mezcladora salían inmensos chorros de cenizas que caían sobre él, amarrado a su silla de escritorio sin poder huir… gritó desesperado y las cenizas penetraron en su boca quemando su lengua y traspasando su garganta hasta llegar, finalmente, al estómago. En el trayecto, el ardiente polvo iba corroyendo todo su organismo produciéndole un insoportable dolor. Se despertó aterrado y buscó la botella de licor en un intento por borrar la terrible escena del sueño… sentía hambre pero no tenía deseos de comer. El licor le resultaba amargo y quemante. Sintió que le ardía la garganta. No supo si era efecto del licor o del sueño. Pretendió escribir la experiencia onírica, pero sus manos y su mente embotada se negaron a secundarlo.
Una noche, mientras fumaba el décimo cigarrillo del día y consumía otro vaso de licor lo venció cansancio, o la borrachera, y se quedó dormido con un sueño intranquilo, desasosegado. Se repitió la escena donde se veía contemplando desde lo alto sus propias cenizas quemarse y de nuevo introducía sus manos en ellas, casi incandescentes. Sintió un terrible ardor y percibió un leve olor a carne chamuscada. Exhaló un grito terrible mientras abría los ojos para mirarse rodeado de llamas que se elevaban hasta el techo, como una inmensa hoguera en el vivac. El fuego hacía presa de las persianas de madera, de la colcha, de él mismo. Quiso huir y no encontró salida. Las llamas lo envolvieron totalmente. Sintió un terrible dolor. Trató de protegerse el rostro con los brazos y continuó gritando, gritando, gritando… hasta que el grito se convirtió en gemido y éste fue extinguiéndose progresivamente...

El Diario de la Mañana recogió la infausta noticia: “El famoso escritor A. D. M. falleció carbonizado en su residencia la noche anterior. Las autoridades manejan diferentes hipótesis como posibles causas del incendio”.
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Imagen tomada de Google.

miércoles, 31 de octubre de 2007

DEL VIEJO ARCÓN DE LOS RECUERDOS VII


O N Í R I C O
Pienso... Siento...
Quiero expresar
y
la palabra estrecha el sentimiento...
Fiebre en la frente... frío en las rodillas...
bajo la lengua, acíbar...
Relojes dalineanos gotean en mis sueños;
aceras rizadas caminan sobre mis pies,
llevándome al paraje donde duerme la aurora.
Un sinfín de cosas me da la bienvenida:
un pez salta en las ramas de un árbol gigantesco;
las hierbas ofrecen sus raíces al extremo del tallo;
los capullos se abren bajo un suelo
transparente y opaco.
Un esqueleto y un hombre contraen nupcias.
La aurora se despierta y llora... Guardo silencio...
Espero una catástrofe surgida de una grieta del cielo.
Bajo el suelo, las rosas han dormido sus pétalos...
Alguien grita, pero hay silencio...
La niebla se va abriendo, como un queso...
y de sus agujeros
sale la niña de la túnica verde...
y me ofrece una flor...
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De: Versos de cualquier hora (ç). 1994.
Imagen tomada de Google.

sábado, 27 de octubre de 2007

EL HOMBRE DE LA ESQUINA



Una luminosa mañana de principios de diciembre, sin presentir que la vida le tenía preparada una sorpresa, la mujer se encaminó en su vehículo, después de dejar los niños en el colegio, hacia El Café de la Esquina Azul, situado a escasos diez minutos de viaje. Como todos los días entre lunes y viernes allí se encontraría con las mamás de los compañeritos de sus hijos para compartir un agradable desayuno. Intercambiaban experiencias con los niños, discutían sobre sus avances escolares; coloreaban la conversación con uno que otro comentario sobre alguna amiga ausente, los recientes acontecimientos de la localidad, en fin, nunca faltó algo interesante para ellas sobre lo cual centrar la plática, siempre amena. Algunas veces se incluía uno o varios de los esposos y entonces la charla giraba sobre temas políticos y deportivos.

Llegó temprano, nadie ocupaba la mesa habitual, la luz del sol penetraba casi hasta la mitad del recinto iluminándolo y proporcionándole una agradable calidez. Pidió un café para entretener la espera y el diario matutino. El ruido de unas fuertes pisadas la hizo levantar la vista de la lectura. Entonces lo vio. Entraba decidido hacia el mostrador y con acento amistoso saludó a la dependienta ordenando café y pasteles. Colocó el pulido zapato sobre el brillante apoya pie y giró el torso hacia la mujer que rápidamente tornó sus ojos a la lectura. Unos segundos después volvió a subir la vista y su mirada se cruzó con la del hombre, que la observaba fijamente con admiración. Fue el cruce de dos rayos, violentos, apasionados y silenciosos. Una sonrisa casi imperceptible distendió los atractivos labios del hombre, ataviado con un elegante atuendo deportivo e hizo una también imperceptible inclinación de cabeza a modo de homenaje hacia la hermosa joven que de igual manera lo miraba con fijeza. Fue un asunto de segundos. La mujer sintió que un ligero escalofrío recorría su espalda y antes de que el gesto delator apareciera bajó de nuevo los ojos hacia la lectura y se enfrascó en ella con el ánimo perturbado.


Para su ventura las amigas fueron llegando casi simultáneamente. La conversación entre ellas se generalizó y la mujer pudo recobrar la serenidad integrándose a los comentarios. El hombre permaneció junto al mostrador sólo el tiempo justo para consumir, sin prisa, el frugal desayuno; pagó a la cajera y antes de retirarse buscó la mirada de la mujer, quien, de vez en cuando, la dirigía con naturalidad hacia él. Hizo de nuevo una leve inclinación de cabeza y esta vez sonrió sin disimulo mostrando una hilera perfecta de dientes blanquísimos. Ella sonrió sólo con la mirada que mantuvo fija en el hombre hasta que éste desapareció hacia la calle.
En el trayecto hasta su oficina no pudo quitar de su mente la imagen del atractivo hombre. Sonrió para sí recordando cada uno de los rasgos que pudo advertir en el rápido encuentro. Su imagen la acompañó todo el día hasta el regreso a casa, donde la atención de los niños y del marido condujeron su mente hacia la realidad de su vida.

Durante los días siguientes el hombre regresó al Café de la Esquina Azul. Se ubicaba en una mesa estratégicamente situada frente a la de las mujeres. Ella procuró no dar nunca la espalda. El diálogo silencioso y el combate de miradas intensas se hizo habitual. Ella, hábilmente, sorteaba el mudo escarceo ante la mirada de las amigas quienes, aparentemente, no habían notado nada.

Cada día vivido la imagen del hombre ocupaba por más tiempo los pensamientos femeninos. Pensaba en él a toda hora. Sentía un extraño calor recorrerle el cuerpo cuando rememoraba la atractiva figura masculina y una deliciosa sensación de felicidad la invadía. Sintió miedo. Se vio claudicando ante ese extraño sentimiento. Se imaginó en un paraje solitario corriendo hacia él quien la esperaba con los brazos extendidos y se fundían en un apretado abrazo. Sin hablarse, se buscaban sus bocas en un apasionado y prolongado beso y al separarse sus labios él la besaba luego en los ojos, en el rostro todo… Sacudió con violencia la cabeza para espantar los pensamientos mas, la imagen del hombre permaneció ante ella durante todo el día. Por la noche, al quedarse dormida soñó que viajaban juntos en un pequeño bote y, abrazados, remaban hasta una playa solitaria. Los largos besos se sucedían uno tras otro. Luego, se vio de nuevo en el Café al cual entraban tomados de la mano. Allí se disolvió su sueño que se había tornado intranquilo. Despertó sobresaltada, aunque con una sensación de plenitud y anhelo que hacía tiempo no sentía. Respiraba con fuerza como para acallar los latidos exacerbados de su corazón. Esos sueños locos se repitieron casi todas las noches.

Pasaron algo más de dos semanas durante las cuales todos los días laborables el hombre acudió a la silenciosa cita sin traspasar nunca los límites de las miradas. Un día, en la ciudad, al entrar a un centro comercial al volante de su coche se cruzó con el hombre que iba en sentido contrario, ambos disminuyeron la velocidad de sus autos y se miraron con intensidad. Los dos sonrieron , abiertamente. Y cada uno siguió su camino, sin más. Era viernes por la tarde. Durante el fin de semana los pensamientos de la mujer volaban hacia el hombre a cada instante. Se sentía eufórica e inmensamente feliz. Entonces se preguntó: -¿Estoy enamorada de ese hombre de quien no sé ni siquiera su nombre? ¿Lo amo? ¿O es solamente deseo? ¿Seré capaz de ser infiel a mi esposo? Era una circunstancia que nunca había contemplado. Se consideraba una persona leal. No tuvo respuesta para esas interrogantes… quedaron allí, colgadas en su mente como piezas de ropa que se secan al sol.

El lunes siguiente debía ir a una conferencia y se arregló con especial cuidado. Su marido la acompañaba. Se sentía hermosa, atractiva y segura de sí misma. Dejaron los niños y se encaminaron al Café de la Esquina Azul. El grupo estaba casi completo. El hombre ocupaba el lugar de costumbre. Ellos permanecieron de pie. El hombre la miró con fijeza y la habitual inclinación de cabeza se hizo evidente, los labios sonrieron con decisión. Ella se sintió desfallecer, creyó estallar de alegría y terror al mismo tiempo. Lo miró…con tristeza… dirigió su vista hacia el marido y se acercó a él hasta casi rozarlo. Colocó su mano sobre el hombro e inclinando la cabeza la dejó reposar suavemente sobre él. Éste buscó su mano y la estrechó, ella devolvió el gesto. Miró de nuevo hacia el hombre y le envió una sonrisa triste, muy triste. Levemente movió la cabeza apoyada en signo imperceptible de negación. El hombre apretó los labios, subió las cejas e inclinó hacia un lado la cabeza. Era una respuesta de resignación. Había captado el mensaje gestual de la mujer. El adiós. El hombre respiró hondamente, continuó con los labios apretados por unos minutos que a ella le lucieron interminables. Se levantó bruscamente y se encaminó hacia la mesa donde la mujer permanecía de pie… ella palideció de terror sin saber qué iba a hacer él . Éste pasó a su lado, rozándola con fuerza. Se detuvo levemente diciendo: -“Mis disculpas, señora. Mis disculpas. Y continuó con premura su camino hacia la otra salida sin esperar respuesta.

Ella sintió que las lágrimas corrían hacia adentro e inundaban el interior de su cuerpo. Apenas se humedecieron sus ojos que se hicieron más brillantes. Respiró con fuerza para eludir un sollozo. El sol, que había estado iluminando como casi todos los días, oscureció de pronto, el recinto quedó en penumbra, ella escuchó las voces de todos como si vinieran de muy lejos, atravesando un recipiente metálico. Sintió un gran desconsuelo, una congoja infinita... un sentimiento de pérdida que no podía describir con precisión. Se interrogó en silencio: -“¿Estoy renunciando a un sentimiento… o a un deseo? No lo sabré nunca…

martes, 16 de octubre de 2007

CAMBIO CLIMÁTICO



Visitando el blog de mi amigo Genín (http://miherenciablogspotcom.blogspot.com/) encontré en su penúltimo post una sugerencia a comentar algo sobre la defensa del medio ambiente.


Se me ocurrió escribir un relato basado en una película que vi hace muchos años. El relato Planeta verde lo colgué en el blog de mi amigo Santiago (Amor) (http://tenasantiago.blogspot.com/) quien hace unos días muy generosa y gentilmente me invitó a compartir con él y otros amig@s su estupendo espacio. Gracias a Genín por la idea y a Santi por el lugar. Los espero allí. Un fuerte abrazo para todos y pongamos nuestro pequeño esfuerzo en defensa del único mundo que tenemos. ¡CIAO!


jueves, 11 de octubre de 2007

MEMORIA DE CASANOVA MODERNO





Esa mañana de domingo, ya casi mediodía, luminosa y deliciosamente cálida, fue propicia para que la mirada de la memoria se tornara hacia el tiempo ¡Aquel tiempo! durante el cual ingresé a tu vida. O, más bien, tú ingresaste a la mía, porque mi presencia en tu mundo, en tu quehacer de todos los días, en tus expectativas y en tus sueños no fue significativa, no dejó huella ni cambió rumbos, no influyó para nada en ti, ni en algo que tuviera que ver contigo. En cambio tú… Tú sí fuiste determinante para mis días de entonces:

Venía de los brazos de un Otelo tropical atormentador de mis momentos durante casi cinco años. Cinco años de terror cotidiano, amaneciendo sin saber qué podía depararme la jornada y sin querer despertar en las noches por la incertidumbre de la siguiente… Aquel Otelo esbelto, de perfil helénico rival que pudo ser de algún dios del Olimpo. Su apostura era directamente proporcional a su incultura: cuanto más apuesto parecía más se evidenciaba su limitada instrucción, de escasa escolaridad. Pero la juventud, irreflexiva, no supo calibrar esas carencias y sucumbí ante el formidable ejemplar de varón que ¡OH, dicha! había puesto sus ojos en los míos distinguiéndome con su afecto y su pasión, entre un grupo de féminas quienes, igual que yo, suspiraban lánguidamente por una mirada de sus ojos profundos.

Sus celos irracionales convirtieron su apostura en una sucesión de días aciagos y de congoja infinita. Cuando tal vez estaba a punto de convertirme en una Desdémona de pelo corto, las circunstancias me llevaron a compartir contigo un lugar de trabajo. Joven, a escasos años de haber logrado dos licenciaturas y una maestría, director de un importante departamento de una igualmente importante empresa, eras el prototipo de hombre exitoso. De estatura mediana, ojos pequeñitos de color indefinido, labios irregulares compitiendo con la dentadura. Ningún rasgo destacado o especialmente atractivo… En resumen, un caballero insignificante desde el punto de vista físico.

¿Qué influyó para que te obsequiara con mi simpatía, primero, y luego con mi amor. ¿Fue acaso tu sonrisa? Tal vez esa sonrisa encendía un rostro común y de escasos encantos ocultando la nula belleza de tus labios que, no obstante, eran capaces de pronunciar sentencias profundas, tanto como delicadas y cautivantes expresiones lisonjeras. Tus ojos, poco atractivos, se me antojaron zahoríes cuando me miraban con fijeza preludiando un piropo turbador o una frase de apariencia inocente cuya intención velada descubría llena de vanidosa satisfacción.

Recuerdo tu primera invitación. Dimos un largo paseo por pueblitos aledaños a la capital. Esos caseríos o pequeños poblados conservadores, llenos de sabor antiguo y de ingenua sencillez. Durante la jornada desplegaste todas tus dotes de seducción, lisonjeándome con citas de ilustres escritores y con locuciones latinas, solemnes en tu boca imperfecta. Una dulce felicidad, desconocida u olvidada por mí en el fragor de las amargas circunstancias recientemente dejadas atrás, me proporcionó la suavidad de tu voz, susurrante melodía de palabras que, como música de violines o de cítaras, acariciaban mis oídos cansados de reproches y amenazas.

Varias veces fuimos alegres y enamorados paseantes por bosquecillos y praderas. Y cada vez más tus dotes de consumado amador envolvían mi ingenuidad y mis anhelos de dicha sosegada. Me sentí emperatriz de algún reino remoto, donde mis súbditos creaban para mí magníficas estrofas, enalteciendo con singulares loas mis dotes personales. Recuerdo haberte dicho en una ocasión que te estaría perennemente agradecida por haberme devuelto la fe en el amor y salvado de las garras de aquel abominable Otelo.
Añadí: -Puedes pagarme en el futuro con una felonía, mas, valoraré por encima de cualquier otra circunstancia la paz y la ventura que me estás proporcionando hoy-.
Algunas oportunidades tuviste, más adelante, para recordarme con tenacidad aquella promesa. Sobre todo cuando las tuyas fueron empañándose con tus muchas deslealtades. Ciertamente, no pasó tanto tiempo antes de descubrir que tus favores no me pertenecían. No era yo la dueña exclusiva de tus afectos. Allí estaba la chica de hermosos ojos azules y lacio pelo rubio, de imponente figura mancillada por un zapatón, calzado de un pie, que intentaba rasar el desnivel de unas piernas, bien torneadas, sí, pero de diferentes longitudes, producto de un error genético que condenó a la bella joven a una vida frustrada y llena de complejos. Ella, para sí, también había sentido la engañosa ilusión de ser la única poseedora de tus desvelos, sin saber, al principio, que estaba tu primita primorosa, ingenua, dulce y bonitica ante cuya sencillez no pudiste reprimir tus instintos de conquistador contumaz, y quien claudicó también a tus frases rebuscadas, extraídas de las miles de obras devoradas, según decías, en tus noches de insomnio.

La intelectual poco femenina, acusada de ser seguidora de Lesbia en corrillos y chismorreos. Mujer autosuficiente y decidida, dueña de una enorme capacidad para la organización y a quien nadie imaginaba arrobada bajo las frases y caricias de tu persona. Ella, más que ninguna otra, como bien lo sabes, fue víctima de tu desbocado afán de conquista de corazones femeninos.
Y la dama sesentona, poseedora de un importante porcentaje de acciones de la empresa, tres veces viuda, delgada, elegante, con el cutis marcado por innumerables surcos, de pelo entrecano siempre deliciosamente peinado, de gestos lánguidos y displicentes, actitud sofisticada, riendo suavemente y con leve picardía cuando tú la obsequiabas con una de tus ya famosas frases y la seducción de tus gestos. Ella también entró a formar parte de tus trofeos amorosos.

De todo aquello me fui enterando poco a poco. Profundamente herida me sentí cuando descubrí, en el asiento de tu lujoso automóvil, un pendiente que de inmediato identifiqué como pertenencia de la joven del zapatón. Muchas lágrimas me costó esa realidad, enfrentada de pronto, sin sospechas previas. Quise herirte con mis reproches y torturarte con palabras ofensivas… pero, recordé mis días de Desdémona inconclusa y, por fortuna para ambos, decliné la posibilidad de la venganza. Oculté, con paciencia, mis exacerbados celos y me hice forzadamente indiferente, hasta que me acostumbré a ello. Por eso, no fue tan doloroso el conocimiento de tus siguientes conquistas. Seguí amándote, pero ya con la convicción de que mi amor era la medida del tuyo, en consecuencia, aquél se tornó esporádico, es decir, te amaba en tu presencia, cuando tú me amabas y disfrutaba tus lisonjas, tus besos, tus caricias, durante los momentos que eran nuestros y no compartíamos con nadie. Sabía que en esos instantes me pertenecías porque no eras capaz de entregar tus pensamientos a otra pues, solamente te interesaba asegurar la constancia de quien en ese momento seducías. Del mismo modo que me olvidabas totalmente cuando en tus brazos gemían tu primita, la señora sesentona, la falsa lesbiana o la chica del zapatón.

Pero un último y aleccionador dolor me causarías. Fue cuando te acompañé en un viaje de negocios, junto a otros importantes directivos de la empresa. En el destino final estaba una secretaria, seriecita, vestida discretamente como exigía su posición laboral y con innegables encantos físicos, aminorados por los requerimientos de su condición. Ocupó una pequeña habitación contigua a la mía, compartida con la auditora de la firma, señora de grueso talante, rebasando la sexta década de vida. A ella confesó, emocionada, estar viviendo el día más feliz de su vida, porque había conquistado tu amor en menos de dos días compartidos y le habías ofrecido matrimonio para cuando estuviese concluido tu divorcio. Un divorcio inexistente, pues aún no habías caído en las redes del matrimonio.

Escuchar tras las paredes tal confesión, la cual no debió sorprenderme, me causó un profundo sentimiento de indefensión. Me sentí desterrada de tus afectos y de tu atención, lejos de mi heredad y lugares donde podía sentirme segura. El extrañamiento de tu persona que me impusiste, sin ninguna piedad, me lastimó tanto que no pude evitar el llanto pertinaz y lloré desconsoladamente durante algunas horas. Al atardecer, tuve que bajar de mi habitación para compartir una pequeña celebración del grupo. Me vestí con mis mejores galas y me sentí atractiva, segura de mis encantos personales. Tuve, sin embargo, que recurrir a mis anteojos de sol para ocultar las huellas del llanto. La montura blanca sobre los lentes oscuros contrastaba con mi atuendo de seda negra, sencillo y elegante, otorgándome una apariencia misteriosa y cautivante que no te pasó inadvertida. Estuviste algo nervioso, indeciso entre si continuar tu asedio amoroso a la secretaria o volver hacia mí tus galanteos.

Me detuve en el balconcillo y pasé la mirada con lentitud por la alegre concurrencia que disfrutaba en el salón inferior… Allí estaba también, elegantísima, la dama tres-veces-viuda, haciendo gala de sus encantos otoñales y luciendo un espléndido traje firmado por un conocido modista internacional. No me sentí disminuida. Al contrario, mi juventud y mi elegancia contra su elegancia y su vejez. El resultado era obvio. Tu mirada la ignoraba e iba de la secre hacia mí y desde mí hasta la secre… Finalmente, te decidiste por esta última que te hacía señas desde un grupo en animada conversación. Bajé lentamente la escalinata sabiendo que muchas miradas se posaban en mí con admiración y que ello te producía, con seguridad, un escozor de impaciencia al no poder demostrarles a todos que yo te pertenecía, que era una de tus conquistas. Una última lágrima intentó asomarse a mis ya irritados ojos. Logré contenerla. Me di cuenta de la alegría que reinaba en el ambiente, del disfrute de la concurrencia del cual yo estaba exiliada. Percibí el estado de exuberante exaltación de la secretaria, lindamente ataviada, para ser justa. Tomé la decisión de integrarme a la celebración y disfrutar de ella sin sentimientos de culpa, pero también sin rencores. Me dije a mí misma que la secretaria era otra víctima inocente, cuya infelicidad estaba próxima después de haber caído en tus brazos. Que mis lágrimas estaban sobrando, igual que cualquier resto de ira anidado en mi corazón. Si ya te conocía, si ya tu condición me era familiar ¿Por qué privarme del disfrute que otros compartían? ¿Por qué no participar, como todos, de la alegría conjunta? Si hacía tiempo había decidido que mi amor sería la medida del tuyo ¿A qué lamentarme, entonces? Si amabas a una nueva conquista, Casanova irremediable ¿Qué sentido tenía mi tristeza?

Llegué, finalmente, al salón, luciendo una espléndida sonrisa en mi rostro; varios jóvenes se me acercaron ofreciéndose a escoltarme hasta el centro de la sala. La noche se hizo hermosa. Descubrí que estaba viva y que la vida me sonreía. No tenía motivos para la congoja.

Bailé en brazos de varios caballeros, algunos de ellos bastante atractivos y junto a los cuales tu aspecto de hombre mediano hacía resaltar su gallardía, pero ninguno competía con tu capacidad para la conquista fácil y la lisonja oportuna. La feliz secretaria tuvo que resignarse a compartirte con otras damas, incluso con la tres-veces-viuda, quien no escatimó oportunidad para retenerte a su lado. Mientras, yo disfrutaba con una alegría que comenzó siendo impuesta y progresivamente se fue integrando a mi sentir hasta convertirme en una persona sinceramente alegre, dichosa y sin rastro alguno de desengaño o de aflicción.

Así terminó nuestra historia. Nos seguimos viendo durante mucho tiempo, compartiendo el lugar de faena. Al comienzo quisiste volver a conquistarme y yo, tal vez lisonjeada por ello estuve a punto de reincidir, no obstante logré la fortaleza suficiente para declinar con delicadeza tus favores. Nos hicimos amigos. Entrañables. Muchos años de amistad nos han unido. Como prometí tiempo atrás, te sigo agradeciendo el haberme rescatado de los brazos de Otelo. Tú continuaste ejercitándote como un Casanova moderno. Al final te casaste con la falsa lesbiana. A ella, quien se llevó el trofeo de llamarse tu esposa, le diste una vida terrible, llena de amantes indiscretas y propensas a molestarla. Ella, quien te ha soportado todo y no ignora nada, ni siquiera nuestra antigua relación, conlleva resignada tus infidelidades, tus borracheras, tu vida de bohemio impenitente. La llenaste de hijos, para que no tuviera tiempo de vigilarte, aunque no creo que sea muy inclinada a hacerlo. Decidió desentenderse, no saber o ser quien todo lo excusa porque tú eres así y así te aceptó. Fue una postura aparentemente cómoda; sólo Dios sabe cuánto dolor le habrá costado.

Casanova moderno, finalmente te llegó la vejez aunque no la madurez. Continúas persiguiendo jovencitas, mujeres maduras, ancianas. Algunas todavía caen en tus expertas manos de Don Juan decadente, escuchando algún verso de El cantar de los cantares o los poemas de amor de Pablo Neruda… también recitándoles poemas tuyos, siempre los mismos, que tú les aseguras son inspirados por ellas… ¡Quién sabe cuántas cajitas perfumadas y forradas con floreados tafetanes guardan celosamente, en una hoja arrancada de prisa y escrito de tu puño y letra, un único poema dedicado cada vez a una mujer diferente…!


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domingo, 7 de octubre de 2007

LOS GATOS



No pensaba escribir un nuevo post todavía. Esperaba la llegada de la inspiración (o la necesidad). Ambas llegaron juntas de la mano de Gustavo Misle Giraud (http://gustamis.blogspot.com/ *. Viene dado (el post) por la necesidad de agradecer a Gustavo su inesperada gentileza al dedicarme un post poético en su rincón, al tiempo que ese hecho motivó mi inspiración por la alusión (en texto e imagen) a esos animalitos maravillosos, extraordinarios, preciosos, etc., etc. que son ¡¡¡¡LOS GATOS!!! En la estrofa final de su post-poema dice:
"... por eso Alichín no sé si eres gato o luna."

Respondo: ambos. En primer término porque soy algo "lunática" y también "lunera": me gusta la luna en cada una de sus tres fases visibles y, cuando hay cielo límpido, me complace contemplarla largamente y descubrir, en su alrededor, las estrellas que engalanan la bóveda celeste. A veces me pregunto ¿Los seres extraterranos (porque debe haberlos en algún lugar) disfrutarán de cielos tan hermosos como los nuestros? ¿Tendrán magníficas constelaciones como la Ursa Major u Orión? ¡Misterio!! . Como consecuencia, soy fanática de los Calendarios Lunares en cualquiera de sus muchas versiones. De hecho, conservo enmarcado uno, precioso, en negro y plata, correspondiente a las diferentes fases de Selene durante el año 2000 (el último del Siglo XX). Es como una reliquia pues, nunca más habrá otro calendario de ese año (Jajaja).

En segundo lugar, soy gata (o gatófila)... En efecto, esos tiernos y preciosos animalitos casi humanos ejercen sobre mí una extraña (o natural) fascinación. No puedo ver uno sin que sienta la inmediata necesidad de acariciarlo y hacerle mimos. He tenido un gato a mi lado toda la vida. No sabría vivir sin ellos. Actualmente tengo cuatro gatitos: tres Siameses (una familia: padre, madre e hijo) y una Tobby. Todos ¡Castrados! después del nacimiento del bebé siamés (Muty). Sus padres: Angélica y Tomate. Éste se llamó inicialmente Tommy, de ahí Tomito y luego creció y engordó tanto que Tomito devino en Tomate ("Tomate, Tomate, color chocolate..."). La gatita Tobby se llama Kafú (es "Larulce, larosa, la sosita..."). No voy a extenderme en consideraciones sobre los gatos. Sólo añadiré que tienen un lenguaje muy rico, consistente en dieciséis (16) sonidos diferentes, cada uno con su específica significación. Creo que he llegado a comprenderlos al menos en un cincuenta por ciento (50%). También utilizan el lenguaje gestual ¿Cómo así? diría un colombiano. Bueno, explicaré: A veces, cuando no les gusta una comida, la huelen con gran detenimiento, luego dan vuelta a su cabecita y me miran, un poco amoscados y, luego con su patita derecha (porque todos son diestros) hacen el gesto de enterrar la comida como si estuvieran enterrando el propio escremento. Conclusión: Entiendo. Me quieren decir que: ¡Esta comida es una mierda!! (Pido disculpas por la expresión escatológica pero ¡Eso es lo que quieren decir!!). Para finalizar mis consideraciones gatunas añadiré que los gatos, como compañeros de los humanos, son excelentes amigos (es mentira que son infieles y traicioneros): se angustian y sufren con el llanto de sus amos, les obsequian el fruto de sus cacerías (aunque esto pueda llegar a ser patético para el humano), son cariñosos, mimosos, independientes y... ¡eso sí! ¡Nunca nos pertenecerán! ¡Somos nosotros quienes les pertenecemos! Somos SUS HUMANOS, NOSOTROS SOMOS LAS MASCOTAS DE ELLOS. Por eso, nos tiranizan y nos obligan a hacer lo que ellos quieren que hagamos. Siempre se salen con la suya. Nos divierten con sus juegos y sus posturas y, como ya expuse más arriba, se hacen entender a las mil maravilla. Es más, se expresan mejor que muchos humanos que conozco quienes, en la actualidad, ocupan cargos ¡elevadísimos! y suelen "rebuznar" (con el perdón de los simpáticos asnos) en cuanta tribuna internacional encuentran y, con bastante frecuencia, ante cualquier micrófono que se les ponga al paso... (Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia).

Para cerrar este post nada mejor que entregar a mis posibles lectores el hermoso poema de Charles BAUDELAIRE, Les chats (la incluyo en versión original y en traducción**):


LES CHATS


Les amoureux fervents et les savants austères
Aiment également, dans leur mûre saison,
Les chats puissants et doux, orgueil de la maison,
Qui comme eux son frileux et comme eux sédentaires.

Amis de la science et de la volupté,
Ils cherchent le silence et l'horreur des ténèbres;
L'Érèbe les eût pris pour ses coursiers funèbres,
S'ils pouvaient au servage incliner leur fierté.

Ils prennent en songeant les nobles attitudes
De grands sphinx allongés au fond des solitudes,
Qui semblent s'endormir dans un rêve sans fin;

Leurs reins féconds sont pleins d'étincelle magiques,
Et des parcelles d'or, ainsi qu'un sable fin,
Etoilent vaguement les prunelles mystiques.



LOS GATOS

Los amantes fervientes y los sabios austeros
aman igualmente, en su madura estación,
los gatos poderososs y dulces, orgullo de la casa,
que como ellos son frioleros y como ellos, sedentarios.

Amigos de la ciencia y de la voluptuosidad,
buscan el silencio y el horror de las tinieblas;
Erebo los habría tomado por sus corceles fúnebres,
si pudieran a la servidumbre inmolar su fiereza.

Toman al soñar las nobles actitudes
de grandes esfinges alojadas al fondo de las soledades,
que parecen adormecerse en un sueño sin fin;

Sus lomos fecundos están llenos de chispas mágicas,
y de partículas de oro, así como de una arena fina,
destellan vagamente sus pupilas místicas.

Nada mejor que la grandeza poética de BAUDELAIRE para describir la grandeza de los gatos.

________________

* Agradezco a mis amigos visitar el rincón de Gustavo, para que aprecien el lindo homenaje (inmerecido) que me dedica en él.

** En: Charles BAUDELAIRE. Obra completa en poesía. Barcelona, España. Ediciones 29, 1974. Edición bilingüe. Traductor: Enrique PARELLADA. pp. 184-185.

lunes, 1 de octubre de 2007

D R A M A U R B A N O




La noche iba cayendo despaciosa sobre el armónico conjunto de plantas del pequeño y bien cuidado jardín. Ocupaba el frente y una parte lateral de la vivienda de moderna arquitectura, ubicada en una calle terminada en redoma, alrededor de la cual se distribuían cinco o seis residencias, todas iguales. Por el día, los pocos transeúntes del lugar asomaban una sonrisa placentera ante la vista del jardincillo, perfectamente planificado por un arquitecto paisajista. Parterres de escasas dimensiones, acordes con la extensión del lugar, coloreaban el sitio con conjuntos de impatiens de diversos colores, Vinca per vincas de Madagascar blancas, rosadas y lilas, embelesos de un intenso azul y petunias, también de distinto colorido, que colgaban de balconcillos y ventanas. Al lado opuesto de los parterres floridos se ubicaban los de follajes con diferentes tonos de verde, donde una que otra planta en floración rompía la monotonía del color con lunares de flores brillantes y alegres.

Las sombras cada vez más densas fueron cubriendo el estallido de color y brillantez que ofrecía el pequeño jardín, mientras los cocuyos iniciaban su danza nocturnal iluminando con lucecillas verdosas la prenumbra que, poco a poco, iba convirtiendo el lugar en un conjunto de aparentes y obscuras esculturas vegetales. Hacia una esquina renacían los capullos del aromático caballero de la noche, inundando con su fragante y penetrante perfume toda el área de la redoma y el interior de la cuidada vivienda de paredes cubiertas por lajas irregulares cuyo color transitaba la ruta del rosado al terracota pálido.
Por las ventanas entreabiertas del piso inferior se escapaban, bulliciosas, risas de niños y una suave música de fondo. De vez en cuando una agradable voz femenina requería la tranquilidad de los pequeños, sin ningún asomo de enfado. De pronto, por la amplia y solitaria calle emergieron las luces de un lujoso automóvil de líneas aerodinámicas, pilotado por un caballero cuya fisonomía escatimaron las sombras. El auto se detuvo suavemente ante la puerta de un amplio garaje, esperando el lento abrir de la puerta accionada por un dispositivo eléctrico. Cuidadosamente el hombre condujo hacia el interior y aparcó el coche mientras la puerta automática se cerraba a sus espaldas. Descendió del vehículo un personaje alto y fornido, con un maletín de piel oscura en su mano derecha, se dirigió a la puerta principal y penetró por ella.

Los niños corrieron alborozados hacia su padre quien con un gesto de desgano los saludó, encaminándose rápidamente escaleras arriba sin detenerse ante la joven, cuyo ademán de bienvenida se vio eludido por la prisa con que el hombre ascendió al segundo piso. La joven lo siguió, silenciosa, preguntándose internamente qué bicho le habría picado al marido. Casi simultáneamente rememoró que esos estados de aparente e infundada molestia se habían hecho frecuentes en los últimos tiempos. En esta oportunidad, sin embargo, el asunto parecía revestir cierta gravedad, toda vez que el esposo evitaba mirarla de frente al mascullar una que otra frase poco inteligible. Dijo entre dientes haber cenado en la oficina durante una importante reunión y, en consecuencia, no deseaba comer nada. Se internó en el baño cerrando con brusquedad la puerta tras de sí. La esposa quedó sumida en oscuros pensamientos intentando descubrir una razón para tan descortés conducta

En nada varió la actitud del hombre a la siguiente mañana. No quiso ingerir alimento alguno y alegando que debía viajar inesperadamente a un delicado asunto de negocios fuera de la ciudad, se dedicó a hacer las maletas en las cuales introdujo una considerable cantidad de ropa y accesorios de diferene uso. Todavía sin mirar a los ojos a la joven se despidió rápidamente y dejó una breve y amable frase de despedida para los niños. Salió hacia el coche, lo abordó y, apresuradamente, abandonó la residencia perdiéndose en la calle solitaria.

A mitad de la mañana, cuando la joven había dejado los niños en el colegio, recibido a la señora de servicio y atendido algunos pequeños quehaceres, se dirigió a una reducida pero alegre habitación que fungía como taller de pintura. Ordenadamente, se distribuían dos o tres caballetes con sendas telas en espera de las pinceladas y otro con una naturaleza muerta casi por terminar. Vestía un sencillo traje a cuadritos lilas y blancos, cubierta por un impecable delantal de pintor. Tomó en sus manos la paleta para sumergirse en la labor artística, tratando de alejar de su mente los pensamientos agoreros sobre la conducta del marido. El silencio era interrumpido por el lejano sonido de una aspiradora y por la suave música emanada de un pequeño reproductor ubicado en uno de los estantes donde, metódicamente, se distribuían los diferentes implementos de todo artista plástico.

La joven eludió pensamientos angustiosos obligando a la mente a recapitular, como en grandes escenas su vida matrimonial armónica y placentera hasta hacía muy poco tiempo: un marido atento y cariñoso, apasionado amante, excelente padre de dos hijos preciosos y sanos, ninguna estrechez económica. En fin, nada por reclamar a la vida, generosa en gran medida con ella. Solamente lamentaba una que otra vez haber abandonado sus estudios superiores para dedicar su tiempo a esposo e hijos pero, en general, no se arrepentía de haberlo hecho, más aún cuando contaba con su afición a la pintura, la cual le deparaba gratas satisfacciones. Una leve sonrisa le iluminó la faz de terso cutis y graciosas facciones:
-"Realmente, no puedo quejarme de la vida- pensó -Cualquier gesto inadecuado de mi marido no tiene importancia ante toda la dicha que me ha proporcionado durante más de diez años"- Su sonrisa se acentuó... Se alejó un poco del caballete para contemplar el desarrollo de su obra y con el rostro iluminado por la satisfacción que le producían los trazos y las gratas remembranzas sobre su vida, exclamó:

-"¡Magnífico! No pudo quedar mejor..."- y soltó una cantarina carcajada.

Un lujoso coche se detuvo silencioso ante la puerta del artístico jardín. De él descendió una mujer elegantemente trajeada, abundante melena negra muy cuidada y, en general, bastante atractiva aunque su expresión seria añadía a su rostro una dureza poco agradable. Abrió despacio la verja y dirigiéndose a la fuerte puerta de madera, accionó con fuerza y decisión el picaporte de pulido bronce coronado por una cabeza de león.

Una sonora campanada sonó en el interior de la residencia, rompiendo el casi absoluto silencio y haciendo brincar, sorprendida, a la joven pintora. Ésta esperó, curiosa, que la mucama acudiera a atender al imprevisto visitante. La señora entró al estudio portando en su mano una pequeña bandeja con una tarjeta de presentación. La joven leyó en ella un nombre que nada le dijo. Abandonó paleta y pinceles y se dirigió al grato recibidor donde la mujer, aún de pie, la aguardaba.

-"Buenos días"- dijo la joven cortésmente pero con cierta distancia. La mujer no respondió el saludo. Se limitó a exponer con brusquedad el motivo de su visita:

-"Soy la nueva dueña de esta casa"- dijo. Y su voz sonó desagradable y metálica.
La joven la miró interrogante, sin entender... No sintió ninguna emoción... solamente se quedó en silencio unos instantes antes de responder:
-"Con seguridad ha sufrido una equivocación. Esta casa no está ni ha estado nunca en venta".

-"Quien se equivoca es usted, señora"- respondió la mujer elevando un poco el tono de la voz y continuó diciendo: -"¿O ya olvidó los documentos que le firmó a su ex-marido hace unos cuantos días?"
-"¿Documentos? ¿Ex-marido? ¡Somos una pareja bien avenida! ¿A cuáles documentos se refiere?"-

-"Sí, señora! Los documentos donde acepta el divorcio, la venta de la casa y renuncia a la Patria Potestad y custodia de sus menores hijos..."-




Sintió como si un enorme yunque cayera con violencia sobre su cabeza al tiempo que un río congelado comenzaba a circular por sus venas y arterias, en sustitución de la cálida y espesa sangre. Miles de lucecitas fulgurantes aparecieron ante sus ojos embotando su entendimiento. El aire pareció faltarle. Todo se hizo obscuro rápidamente en su entorno y se sintió a punto de caer sin sentido. No obstante, se sobrepuso a la sorpresa cuya descomunal dimensión impedía la llegada de la congoja y, haciendo un sobrehumano esfuerzo, tomó algo de aire, un aire que se le antojó enrarecido e insalubre, como esos vapores que emanan constantemente de los vertederos de basura ubicados en las afueras de las ciudades. Por primera vez miró con detenimiento a la mujer que estaba frente a ella y captó sus facciones. Continuó mirándola fijamente, ya sin verla, porque su pensamiento había volado con rapidez hacia el momento en el cual su entonces marido, con algunas razones convincentes, la indujo a firmar una serie de documentos prometiéndole entregárselos después para que ella se enterara de su contenido.


-"¡MIERDA!"- gritó para sus adentros -"Me pudieron joder!"- Y una estridente carcajada brotó bruscamente de sus labios enormemente abiertos para dejar salir, como en una incontenible catarata sonora, la loca risa con la cual ocultaba la inconmensurable pesadumbre que, de pronto, se había alojado en su ingenuo corazón.


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Alichín: 2007. (ç)
Nota: Si las imágenes que ilustran este relato tienen derechos reservados, agradecemos comunicárnoslo para retirarlas de inmediato.








domingo, 30 de septiembre de 2007

DEL VIEJO ARCÓN DE LOS RECUERDOS VI


C O N T R A S T E


Tejió escalas de luces

para mi paso incierto...


Castró bayas, cosechó colmenas,

me tiñó de espumas,

me bañó de arco iris...


Arrulló mi camino,

me esperó en el sueño;

Se arropó con mi piel

abrazando mi sábana...


Inventó la rosa,

coronó mi frente...

me arrancó los ojos,

escupió en sus cuencas...

...Me robó la luz...
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De: Sensaciones de la vigilia,
1995 (Ç)



miércoles, 19 de septiembre de 2007

DEL VIEJO ARCÓN DE LOS RECUERDOS V



COSAS DE PUERTOS *


En mi infancia, yo conocí los barcos

y supe de los puertos:

Escuché las sirenas repetir, como un eco,

el llanto del adiós.


Contemplé los cadáveres de naves

llenos de orín y algas;

y las olas golpeando en el acantilado,

y las boyas flotando

como guardias de un bosque en movimiento.


Vi también las gaviotas

entre el humo que brota

desde las chimeneas de los buques en marcha.

Y el sollozo escondido, la sonrisa lejana.


Supe de la tristeza

del que se va y no vuelve;

del que se queda en puerto mirando el horizonte,

viendo como se borran en medio de la bruma,

las siluetas distantes de sus seres queridos.


Conocí la alegría de quien

volvió con vida...


Comprendí la nostalgia de quien

no partió nunca...

y quedó en la bahía imaginando nieves,

y campiñas y selvas y también otros mares.


Y descubrí en la noche del puerto solitario

transitar los fantasmas

de quienes no volvieron:

de los marinos viejos que murieron en tierra,

de los viejos marinos

que entregaron la vida en mitad del océano...

De quienes no han nacido,

pero saldrán mañana por esa misma rada...


...


Yo también, hace tiempo,

salí por ese puerto hacia otro puerto ignoto.


Y me quedé mirando el malecón amado

borrarse lentamente, como aquellas figuras

que dibujan las nubes cuando las borra el viento.


Vi apagarse, en silencio,

cada luz de mi puerto, cada techo de tejas,

cada gaviota altiva...


Y el contorno global

de esa hermosa bahía


¡Que nunca he vuelto a ver!


______

* De: Sensaciones de la vigilia. 1995.

sábado, 8 de septiembre de 2007

P E N U M B R A S





DEL VIEJO ARCÓN DE LOS RECUERDOS IV


No encuentro que decir:

Escapé a la nostalgia contando esferas

de difusos límites, donde el dolor se confunde
con la dicha plena.

El espacio se concentra en hilos luminosos

y la noche se agrieta en mil puntos de luz

por donde escapan las miradas

sin retorno ni encuentro...

Miradas que no tuvieron eco en ningún ojo,

ojos velados por ausencias de todo...

Misterios sin respuestas a las preguntas hechas

con los labios cerrados.

Mutismo que ensordece atardeceres vagos,
escapados al viento de deseos no sentidos,

arrullos evadidos de labios susurrantes,

labios mustios en espera del beso

infernal del olvido.

Sombras alongadas tras la sombra. Penumbra de la tierra,

oscurecer del alma.

Trémulos sentimientos esparcidos en murmullos

que yacen convulsos en inútil espera,

atentos al signo peregrino de promesas ausentes:

ignominioso acecho de la nada.


(Noviembre 1997)

domingo, 2 de septiembre de 2007

EN DEFENSA DE NUESTRA LENGUA


Casi desde el inicio de este blog hemos sentido el deseo de comentar sobre el uso y el abuso de nuestra lengua. El castellano. Preferimos esta denominación , más antigua, a la moderna y más precisa: el español. En todo caso, aquí usaremos ambos términos indistintamente. Esperamos se nos excuse.

Ese deseo inicial se agudiza cada vez que leemos las entradas (o los posts) de algunos de nuestros contactos. Podríamos escribir "nuestros afectos" porque tales contactos se hacen cada vez más amigos, más íntimos, más queridos. Y porque se nos han hecho queridos algunos y a otros ya los queríamos de antiguo, nos duele, nos escuece, nos produce un no sé qué incomodísimo leer textos cuyos sentidos son extremadamente interesantes, escritos con gran descuido, sin detenerse a revisar la ortografía, la corrección de la sintaxis y la casi inexistencia de una adecuada prosodia.

No pretendemos exponernos como quien maneja su idioma de manera perfecta. Con seguridad cometemos nuestros deslices o abusos de ciertas formas de decir; incluso esta entrada puede contener más de un error. Pero, en la medida de nuestro humilde conocimiento sobre la mejor manera de utilizar el lenguaje, procuramos escribir y expresar nuestras ideas con claridad y consistencia gramatical, sintiendo que con ello rendimos homenaje a una de las lenguas más hermosas con las cuales se expresa la especie humana.

Y es ese irrespeto, posiblemente inconsciente o al menos no deliberado, el que lastima nuestra sensibilidad de lectores cuando nos enfrentamos a un texto salido de manos profesionales, en el cual no se emplea una coma, se escapan errores ortográficos o se distorsiona la sintaxis. Ciertamente entendemos lo escrito (o lo dicho), aunque a veces con cierta dificultad pero, cuánto más hermoso sería que ese texto lleno de importantes ideas y profundos sentimientos, fuese expresado de manera cuidadosa, elaborada, reflexiva en cuanto al fondo pero también a la forma. Hermosísimas páginas mancilladas por un error ortográfico o por una descuidada concordancia de género o de número. Es muy frecuente, por ejemplo, escuchar el empleo del vocablo feliz como si fuera un plural, sólo por el hecho de terminar en zeta: "Somos feliz" en lugar de "Somos felices". Este caso lo leemos frecuentemente en la prensa y en revistas y también lo escuchamos a diario en boca de periodistas (¡Licenciados en Comunicación Social!) a través de la radio y la televisión.

Parece mentira pero, en nuestro país, abundan los maltratos a la expresión escrita por parte de quienes, por obligación profesional, deberían esmerarse en el decir, tanto en la forma oral como en la escrita. Para el periodista, el lenguaje es una herramienta de trabajo, tal como el martillo o la sierra lo son para el carpintero, el bisturí para el cirujano o la regla de cálculo para el ingeniero. ¿Qué sucede cuando un ebanista descuida el uso de la sierra eléctrica, cuando un cirujano inhábil maneja con descuido el bisturí o cuando un ingeniero efectúa cálculos errados por impericia en el uso de la regla? Los resultados, en estos casos, siempre son lamentables. Pero cuando un reportero infringe las leyes de la gramática nadie resulta lastimado (en apariencia) excepto el idioma que se va degenerando progresivamente. Y, por supuesto, el reportero sale herido en su prestigio aunque esa herida no produce dolor físico y el público, por alguna razón, no hace notar los desaguisados lingüísticos.

¿Cuántos profesionales hoy en día emplean la diéresis? Ni siquiera para escribir la palabra vergüenza ... ¿Cuántos profesionales hoy en día ignoran elementales reglas ortográficas, como la que norma la escritura de la erre (o doble ere) después de una ene? Conozco a un médico cuyo nombre es Eduardo Enrique y escribe Enrrique sin el menor pudor, aun cuando el procesador le subraye con rojo la palabra. Igualmente escriben enrrollar, enrredo, en lugar en enrollar o enredo, etc., etc.

Ya que hemos dado este primer paso para tratar el tema, seguiremos haciéndolo en el futuro, de vez en cuando. Esperamos que nuestros lectores no nos malinterpreten y no se sientan ofendidos por nuestras advertencias. Las hacemos con la mejor intención. Sin querer lastimar a nadie. Nuestro propósito es defender el español en su esencia más profunda, entendiendo que toda lengua es un organismo vivo y, en consecuencia, dinámico, cambiante, que se transforma con el tiempo e incorpora, constantemente, novedosos vocablos derivados de los progresos científicos y tecnológicos o simplemente de la transculturización, fenómeno éste que resulta inevitable

Citaremos algunos ejemplos de usos inadecuados: aquí en Venezuela los empleados bancarios acostumbran utilizar, con exagerada e injustificada pedantería, el vocablo aperturar (una cuenta) en lugar de nuestro castizo abrir. Los derivados son absolutamente legítimos cuando la necesidad los impone pero, en el caso aludido tal necesidad no existe ( al respecto debemos aclarar que ignoramos si el DRAE, en su última edición, le ha dado el espaldarazo a la palabra, en cuyo caso no tomaremos en cuenta el ejemplo). En contraste defendemos el uso de los verbos plotear o chatear, entre otros, impuestos por la aparición de las actividades relacionadas con la computación. Asimismo, ya decimos bloguear, blogosfera, bloggers, etc. Hace tiempo una gran amiga, profesora de castellano, nos comentaba indignada su disgusto ante el uso de plotear y faxear. Nos permitimos preguntarle con cierta timidez: ¿Rechazas también el uso de telefonear, mecanografiar, telegrafiar? Ciertamente los dos últimos están en vías de desaparecer pero cuando ellos surgieron también eran neologismos impuestos por la aparición de inventos científico-técnicos hasta entonces desconocidos. Surgieron los derivados como los casos que vivimos actualmente. Dentro de veinticinco o cincuenta años, o tal vez menos, si las actividades se mantienen, tales palabras habrán dejado de ser una novedad para incorporarse al habla cotidiana de manera natural y otras, insospechadas hoy, habrán nacido. Es el dinamismo del lenguaje. Eso no quiere decir que podamos irrespetar o ignorar las leyes que le dan carácter de lengua al conjunto de elementos propios de la expresión de un país o conjunto de ellos.

Deseamos despertar la sensibilidad a favor de la lengua castellana, o española, entre quienes escriben (y hablan) de la misma manera como nos estamos sensibilizando por la defensa del ambiente y de los animales en peligro de extinción. Sabemos que todos nos sentimos muy orgullosos de nuestro idioma, en consecuencia, llevemos a la práctica ese orgullo comenzando por cada uno de nosotros y veremos con el tiempo cómo muchos granitos juntos, terminan por hacer una montaña.
Nota: No sabemos si la imagen que encabeza este escrito está sujeta a Derechos de Autor. En caso afirmativo, la eliminaremos de inmediato.

viernes, 24 de agosto de 2007

R U T A O B L I C U A

(Del Viejo Arcón de los Recuerdos III)




No sé por qué desperté en medio de la noche con tu imagen frente a mí. No estaba soñando, no. Ni había pensado en tí durante el día...Es más, hace ya bastante tiempo que tu recuerdo no me frecuenta. Pero esta noche, Armando, esta noche no pude separar de mi mente tu imagen de muchacho travieso. Tu amada faz de niño, con esos fabulosos ojos verdes, almendrados, que parecían ocupar toda su superficie. Y, de volver a detallar tus rasgos, tan conocidos, tan sin secretos para mis manos, pasé a revivir casi con precisión cronométrica cada uno de los instantes que nos pertenecieron.

Entré con Cecilia, mi amiga, a la amplia sala del auditorio de la Facultad. Tomamos asiento en la novena o décima fila, hacia el centro. En el ala izquierda, de pronto, descubrí unos ojos verdes, almendrados, posados sobre mí con insistencia.
-¡Qué hermosos! -pensé. -¡Pero es un niño! -En ese instante tu rostro serio se iluminó con la blancura de tus dientes perfectos. Esos que envidié desde el primer momento al contrastarlos con la irregularidad de los míos:
-Tu pueblito de locos. -Solías decirme al referirte burlonamente a ellos.
Me esperaste a la salida del concierto, abordándome decidido, sin timidez alguna. Me agradó tu osadía y tuve que reír de tus palabras atropelladas, con las cuales te referiste a "esas magníficas cualidades" que, según tú, me adornaban.
De ahí en adelante fuimos inseparables. Transitábamos sin ver el camino ocupados como estábamos en mirarnos a los ojos. La selva tropical de los tuyos se humedecía de pasión y ternura, derramando su verdor sobre los míos, pequeños, oscuros y vivaces. Y el primer beso, amor, que no se hizo esperar. Y mi perplejidad ante tu confesión, tartamudeante, de que eran mis labios los primeros que los tuyos besaban. Con cuánto afán buscábamos lugares apartados, solitarios, para intercambiar los besos, cada vez más apasionados. Los besos de tus labios de niño que se hicieron expertos con rapidez en los míos, temerosos de descubrir ante ti experiencias pasadas...
Recordé cuando entre risas y sorpresas descubrimos nuestras edades: tus frescos e inmaduros veinte años junto a mis veinticinco, que me parecieron una enorme distancia, lacerante para mi amor que ya era firme. Y tu voz bronca, seductora diciéndome:
-Qué importa, nos queremos. Cinco años escasos son nada. No te sientas mal por eso...
Y cuando riendo como niños en un parque, rodamos abrazados sobre la hierba húmeda, al anochecer en aquel escondido paraje a las afueras de la ciudad, donde solíamos dar escape a nuestros sentimientos. Fue entonces, amor, cuando entre el ardor de los besos y las caricias, cada vez más atrevidas, nos hicimos la ofrenda de nuestras respectivas castidades. Sin pensarlo, sin decisión previa. Sucedió espontáneamente entre la pasión que nos acicateaba y tu voz de varón que tímidamente excusaba tu torpeza de amante primerizo. Y mi risa, Armando, mi risa al explicar casi con vergüenza que, si bien había besado, era también mi primera experiencia. Así consumamos la entrega mutua, apasionada y suave al mismo tiempo. Más tarde, felices, iniciamos el regreso cantando a toda voz La felicidad, ah, ah, ah...
Pasó el tiempo, Armando y seguimos queriéndonos. Me gradué. Al año siguiente te graduaste tú de abogado y decidiste no ejercer una profesión en la que no creías. Seguiste tu inclinación hacia la pintura. Y fui yo quien te proporcionó los primeros aperos de pintor, aceptados por ti a regañadientes por temor a sentirte "un mantenido". Cuando vendiste tu primera obra, por una suma irrisoria, llegaste hasta mí una tarde con un sobre con el importe de los utensilios que te había regalado. Discutimos por eso, amor, agriamente hasta ceder yo y aceptar el dinero que te hacia "recuperar la dignidad", perdida, según tú.
Cuando conocí a Juan Manuel, aquel chico fantástico, buena gente y amanerado: tu compañero en la academia de pintura. Cómo nos hicimos los tres inseparables y cuánto afecto y amistad surgió entre Juanma y yo, porque tú lo apreciabas. Sin parientes en la ciudad aceptó vivir en tu casa, con tu familia. Esa que tanto me quiso y a la que tanto quise.
Y así fue pasando el tiempo, amor, queriéndonos todos en un conjunto perfecto de armonía. Pero no llegaba tu consagración como pintor, a pesar de algunas exposiciones que te dieron cierto prestigio.
Y continuó el tiempo pasando, Armando. Los ardores fueron apaciguándose entre nosotros. No discutíamos. Nos amábamos y tanto nos quisimos que terminamos queriéndonos como hermanos. No terminó el afecto pero sí la pasión. Así, sin dejar de amarnos, fuimos alejándonos uno de la otra, sin pretenderlo, sin darnos cuenta.
¿Cómo y cuándo terminó nuestra relación, que era perfecta? No lo sé. Me esfuerzo en recordar sin lograrlo. Sólo sé que hubo un momento en el cual ya no estabas en mi vida. No éramos ya novios ni amantes. Se terminaron las búsquedas de lugares solitarios y los tiempos de ahorro para poder pagar una habitación de motel. Cada día nos vimos menos. Hasta que la distancia se hizo definitiva. Sin dolor. Sin disgustos. Sin explicaciones.
Me visitabas de vez en cuando y yo también iba a veces por tu casa, más por saber de tu familia que por encontrarte. Con frecuencia nos cruzábamos en la puerta. Yo llegando y tú y Juanma saliendo. Besos en la mejilla, fuertes abrazos y
-Hasta luego, nos vemos.
-Te quiero, nena.
-Igual yo, amorcito- Palabras, frases, gestos de afecto superficiales aunque sinceros. Sólo eso, Armando, iba quedando.
Apareció Arturo en mi vida. Apasionado. Maduro. Fuerte. Con una magnífica posición económica. Decidido a formar familia. Acepté. Estaba de nuevo enamorada. Celebramos el compromiso.
Rogelio, nuestro amigo común, amor, me preguntó un día
-¿Es cierto que Armando tomó el camino oblicuo?
-¿Camino oblicuo?- pregunté -¿Qué es eso?
-Bueno, tú sabes, que se desvió...
-¿Consume?- interrogué de nuevo.
-¡No chica, se pasó a la otra banda. Es maricón. Aunque también consume...
-¡No! ¡Jamás! ¡Y tú sabes que a mí me consta!- respondí riendo.
No quise hurgar en el asunto. No me interesó, amor. Continué con mi vida y mis planes matrimoniales. Cuando éstos se consolidaron ya no frecuentaba tu casa. No nos comunicábamos. Me casé con Arturo. Sin pensar en ti. Sin recordarte. Sin que me hiciera falta la luz de tus ojos verdes, almendrados. Supe que habías llorado el día de mi boda. Abrazado a tu hermana reconociste que, definitivamente, me habías perdido.
Más tarde me enteré de tu mudanza de la casa paterna para compartir un apartamento con Juan Manuel. Fue en las cercanías de tu nueva vivienda cuando nos encontramos, Arturo y yo, contigo. No nos hablamos, sencillamente nos abrazamos, fuerte, muy fuerte amor. Por unos pocos segundos permanecimos abrazados. Arturo mudo y furioso contempló la escena sin chistar. Nos separamos. Vinieron las presentaciones de rigor. Los "Mucho gusto" de la buena educación. La despedida con beso en la mejilla.
Pasó algún tiempo, amor, hasta encontrarnos en el entierro de la mamá de Cecilia. Yo, embarazada de mi primer hijo, casi a punto de dar a luz. Dijiste, riendo ante la imposibilidad del abrazo:
-Guardemos las distancias, Nena. Estás preciosa, como siempre.- Y creyendo ver una sombra en tus espléndidos ojos verdes, tomé tus manos y las puse sobre mi vientre abultado. Reímos juntos, creo que con cierta nostalgia.
No volvimos a vernos, por años. Cuando con mis hijos que ya contaban nueve y siete años, estaba de compras en el centro comercial, nos encontramos. El mismo abrazo largo y apretado. Y un susurro de tus labios en mi oído:
-¡Te amo, Nena- Una risita mía como respuesta y las consabidas presentaciones
-Mis hijos, Arturito y Lucía- Gestos amables de tu parte y sonrisas. Despedida.
-¡Hasta siempre, amor!- dijiste. -¡Hasta siempre!- respondí. Y luego el niño:
-¡Mami, te dijo "amor"!-
-Sí, cariño, nos conocemos hace mucho, somos como hermanos-
Esa fue la última vez que nos vimos, amor. La luminosidad de tus ojos verdes me acompañó por unos días. Luego, esa luz se fue apagando como un atardecer y se sumergió en la penumbra del no-recuerdo.
Más tarde supe de tu dolor y de tu rabia cuando Juan Manuel se casó con Otilia Vargas. Te quedaste viudo, amor. Ella y yo nos encontramos en la vida años después. Ambas tuvimos la delicadeza de no nombrarte. Y cuando Arturo y yo nos divorciamos, tú evitaste el encuentro...
Hace como diez años, creo, Rogelio abrió de pronto la puerta de mi oficina y asomó la cabeza diciendo:
-¡Se muere, amiga! ¡Armando se está muriendo!
-¿Cómo? ¿Por qué?- pregunté sin saber qué más decir.
-Tiene sida. No quiere ver a nadie. Está en casa de su hermana Hortensia-
Busqué, amor, entre libretas viejas y hallé el número de teléfono de Hortensia. Llamé. Una voz juvenil me respondió y me dijo, al preguntar por ella:
-No está. Todos fueron al cementerio. Están sepultando a mi tío Armando...
-Lo siento- dije con voz de llanto y colgué el auricular.
No sé por qué hoy, amor, en medio de la noche, fue tu rostro la imagen que percibí al despertar.
[Septiembre/1999]