domingo, 2 de septiembre de 2007

EN DEFENSA DE NUESTRA LENGUA


Casi desde el inicio de este blog hemos sentido el deseo de comentar sobre el uso y el abuso de nuestra lengua. El castellano. Preferimos esta denominación , más antigua, a la moderna y más precisa: el español. En todo caso, aquí usaremos ambos términos indistintamente. Esperamos se nos excuse.

Ese deseo inicial se agudiza cada vez que leemos las entradas (o los posts) de algunos de nuestros contactos. Podríamos escribir "nuestros afectos" porque tales contactos se hacen cada vez más amigos, más íntimos, más queridos. Y porque se nos han hecho queridos algunos y a otros ya los queríamos de antiguo, nos duele, nos escuece, nos produce un no sé qué incomodísimo leer textos cuyos sentidos son extremadamente interesantes, escritos con gran descuido, sin detenerse a revisar la ortografía, la corrección de la sintaxis y la casi inexistencia de una adecuada prosodia.

No pretendemos exponernos como quien maneja su idioma de manera perfecta. Con seguridad cometemos nuestros deslices o abusos de ciertas formas de decir; incluso esta entrada puede contener más de un error. Pero, en la medida de nuestro humilde conocimiento sobre la mejor manera de utilizar el lenguaje, procuramos escribir y expresar nuestras ideas con claridad y consistencia gramatical, sintiendo que con ello rendimos homenaje a una de las lenguas más hermosas con las cuales se expresa la especie humana.

Y es ese irrespeto, posiblemente inconsciente o al menos no deliberado, el que lastima nuestra sensibilidad de lectores cuando nos enfrentamos a un texto salido de manos profesionales, en el cual no se emplea una coma, se escapan errores ortográficos o se distorsiona la sintaxis. Ciertamente entendemos lo escrito (o lo dicho), aunque a veces con cierta dificultad pero, cuánto más hermoso sería que ese texto lleno de importantes ideas y profundos sentimientos, fuese expresado de manera cuidadosa, elaborada, reflexiva en cuanto al fondo pero también a la forma. Hermosísimas páginas mancilladas por un error ortográfico o por una descuidada concordancia de género o de número. Es muy frecuente, por ejemplo, escuchar el empleo del vocablo feliz como si fuera un plural, sólo por el hecho de terminar en zeta: "Somos feliz" en lugar de "Somos felices". Este caso lo leemos frecuentemente en la prensa y en revistas y también lo escuchamos a diario en boca de periodistas (¡Licenciados en Comunicación Social!) a través de la radio y la televisión.

Parece mentira pero, en nuestro país, abundan los maltratos a la expresión escrita por parte de quienes, por obligación profesional, deberían esmerarse en el decir, tanto en la forma oral como en la escrita. Para el periodista, el lenguaje es una herramienta de trabajo, tal como el martillo o la sierra lo son para el carpintero, el bisturí para el cirujano o la regla de cálculo para el ingeniero. ¿Qué sucede cuando un ebanista descuida el uso de la sierra eléctrica, cuando un cirujano inhábil maneja con descuido el bisturí o cuando un ingeniero efectúa cálculos errados por impericia en el uso de la regla? Los resultados, en estos casos, siempre son lamentables. Pero cuando un reportero infringe las leyes de la gramática nadie resulta lastimado (en apariencia) excepto el idioma que se va degenerando progresivamente. Y, por supuesto, el reportero sale herido en su prestigio aunque esa herida no produce dolor físico y el público, por alguna razón, no hace notar los desaguisados lingüísticos.

¿Cuántos profesionales hoy en día emplean la diéresis? Ni siquiera para escribir la palabra vergüenza ... ¿Cuántos profesionales hoy en día ignoran elementales reglas ortográficas, como la que norma la escritura de la erre (o doble ere) después de una ene? Conozco a un médico cuyo nombre es Eduardo Enrique y escribe Enrrique sin el menor pudor, aun cuando el procesador le subraye con rojo la palabra. Igualmente escriben enrrollar, enrredo, en lugar en enrollar o enredo, etc., etc.

Ya que hemos dado este primer paso para tratar el tema, seguiremos haciéndolo en el futuro, de vez en cuando. Esperamos que nuestros lectores no nos malinterpreten y no se sientan ofendidos por nuestras advertencias. Las hacemos con la mejor intención. Sin querer lastimar a nadie. Nuestro propósito es defender el español en su esencia más profunda, entendiendo que toda lengua es un organismo vivo y, en consecuencia, dinámico, cambiante, que se transforma con el tiempo e incorpora, constantemente, novedosos vocablos derivados de los progresos científicos y tecnológicos o simplemente de la transculturización, fenómeno éste que resulta inevitable

Citaremos algunos ejemplos de usos inadecuados: aquí en Venezuela los empleados bancarios acostumbran utilizar, con exagerada e injustificada pedantería, el vocablo aperturar (una cuenta) en lugar de nuestro castizo abrir. Los derivados son absolutamente legítimos cuando la necesidad los impone pero, en el caso aludido tal necesidad no existe ( al respecto debemos aclarar que ignoramos si el DRAE, en su última edición, le ha dado el espaldarazo a la palabra, en cuyo caso no tomaremos en cuenta el ejemplo). En contraste defendemos el uso de los verbos plotear o chatear, entre otros, impuestos por la aparición de las actividades relacionadas con la computación. Asimismo, ya decimos bloguear, blogosfera, bloggers, etc. Hace tiempo una gran amiga, profesora de castellano, nos comentaba indignada su disgusto ante el uso de plotear y faxear. Nos permitimos preguntarle con cierta timidez: ¿Rechazas también el uso de telefonear, mecanografiar, telegrafiar? Ciertamente los dos últimos están en vías de desaparecer pero cuando ellos surgieron también eran neologismos impuestos por la aparición de inventos científico-técnicos hasta entonces desconocidos. Surgieron los derivados como los casos que vivimos actualmente. Dentro de veinticinco o cincuenta años, o tal vez menos, si las actividades se mantienen, tales palabras habrán dejado de ser una novedad para incorporarse al habla cotidiana de manera natural y otras, insospechadas hoy, habrán nacido. Es el dinamismo del lenguaje. Eso no quiere decir que podamos irrespetar o ignorar las leyes que le dan carácter de lengua al conjunto de elementos propios de la expresión de un país o conjunto de ellos.

Deseamos despertar la sensibilidad a favor de la lengua castellana, o española, entre quienes escriben (y hablan) de la misma manera como nos estamos sensibilizando por la defensa del ambiente y de los animales en peligro de extinción. Sabemos que todos nos sentimos muy orgullosos de nuestro idioma, en consecuencia, llevemos a la práctica ese orgullo comenzando por cada uno de nosotros y veremos con el tiempo cómo muchos granitos juntos, terminan por hacer una montaña.
Nota: No sabemos si la imagen que encabeza este escrito está sujeta a Derechos de Autor. En caso afirmativo, la eliminaremos de inmediato.

viernes, 24 de agosto de 2007

R U T A O B L I C U A

(Del Viejo Arcón de los Recuerdos III)




No sé por qué desperté en medio de la noche con tu imagen frente a mí. No estaba soñando, no. Ni había pensado en tí durante el día...Es más, hace ya bastante tiempo que tu recuerdo no me frecuenta. Pero esta noche, Armando, esta noche no pude separar de mi mente tu imagen de muchacho travieso. Tu amada faz de niño, con esos fabulosos ojos verdes, almendrados, que parecían ocupar toda su superficie. Y, de volver a detallar tus rasgos, tan conocidos, tan sin secretos para mis manos, pasé a revivir casi con precisión cronométrica cada uno de los instantes que nos pertenecieron.

Entré con Cecilia, mi amiga, a la amplia sala del auditorio de la Facultad. Tomamos asiento en la novena o décima fila, hacia el centro. En el ala izquierda, de pronto, descubrí unos ojos verdes, almendrados, posados sobre mí con insistencia.
-¡Qué hermosos! -pensé. -¡Pero es un niño! -En ese instante tu rostro serio se iluminó con la blancura de tus dientes perfectos. Esos que envidié desde el primer momento al contrastarlos con la irregularidad de los míos:
-Tu pueblito de locos. -Solías decirme al referirte burlonamente a ellos.
Me esperaste a la salida del concierto, abordándome decidido, sin timidez alguna. Me agradó tu osadía y tuve que reír de tus palabras atropelladas, con las cuales te referiste a "esas magníficas cualidades" que, según tú, me adornaban.
De ahí en adelante fuimos inseparables. Transitábamos sin ver el camino ocupados como estábamos en mirarnos a los ojos. La selva tropical de los tuyos se humedecía de pasión y ternura, derramando su verdor sobre los míos, pequeños, oscuros y vivaces. Y el primer beso, amor, que no se hizo esperar. Y mi perplejidad ante tu confesión, tartamudeante, de que eran mis labios los primeros que los tuyos besaban. Con cuánto afán buscábamos lugares apartados, solitarios, para intercambiar los besos, cada vez más apasionados. Los besos de tus labios de niño que se hicieron expertos con rapidez en los míos, temerosos de descubrir ante ti experiencias pasadas...
Recordé cuando entre risas y sorpresas descubrimos nuestras edades: tus frescos e inmaduros veinte años junto a mis veinticinco, que me parecieron una enorme distancia, lacerante para mi amor que ya era firme. Y tu voz bronca, seductora diciéndome:
-Qué importa, nos queremos. Cinco años escasos son nada. No te sientas mal por eso...
Y cuando riendo como niños en un parque, rodamos abrazados sobre la hierba húmeda, al anochecer en aquel escondido paraje a las afueras de la ciudad, donde solíamos dar escape a nuestros sentimientos. Fue entonces, amor, cuando entre el ardor de los besos y las caricias, cada vez más atrevidas, nos hicimos la ofrenda de nuestras respectivas castidades. Sin pensarlo, sin decisión previa. Sucedió espontáneamente entre la pasión que nos acicateaba y tu voz de varón que tímidamente excusaba tu torpeza de amante primerizo. Y mi risa, Armando, mi risa al explicar casi con vergüenza que, si bien había besado, era también mi primera experiencia. Así consumamos la entrega mutua, apasionada y suave al mismo tiempo. Más tarde, felices, iniciamos el regreso cantando a toda voz La felicidad, ah, ah, ah...
Pasó el tiempo, Armando y seguimos queriéndonos. Me gradué. Al año siguiente te graduaste tú de abogado y decidiste no ejercer una profesión en la que no creías. Seguiste tu inclinación hacia la pintura. Y fui yo quien te proporcionó los primeros aperos de pintor, aceptados por ti a regañadientes por temor a sentirte "un mantenido". Cuando vendiste tu primera obra, por una suma irrisoria, llegaste hasta mí una tarde con un sobre con el importe de los utensilios que te había regalado. Discutimos por eso, amor, agriamente hasta ceder yo y aceptar el dinero que te hacia "recuperar la dignidad", perdida, según tú.
Cuando conocí a Juan Manuel, aquel chico fantástico, buena gente y amanerado: tu compañero en la academia de pintura. Cómo nos hicimos los tres inseparables y cuánto afecto y amistad surgió entre Juanma y yo, porque tú lo apreciabas. Sin parientes en la ciudad aceptó vivir en tu casa, con tu familia. Esa que tanto me quiso y a la que tanto quise.
Y así fue pasando el tiempo, amor, queriéndonos todos en un conjunto perfecto de armonía. Pero no llegaba tu consagración como pintor, a pesar de algunas exposiciones que te dieron cierto prestigio.
Y continuó el tiempo pasando, Armando. Los ardores fueron apaciguándose entre nosotros. No discutíamos. Nos amábamos y tanto nos quisimos que terminamos queriéndonos como hermanos. No terminó el afecto pero sí la pasión. Así, sin dejar de amarnos, fuimos alejándonos uno de la otra, sin pretenderlo, sin darnos cuenta.
¿Cómo y cuándo terminó nuestra relación, que era perfecta? No lo sé. Me esfuerzo en recordar sin lograrlo. Sólo sé que hubo un momento en el cual ya no estabas en mi vida. No éramos ya novios ni amantes. Se terminaron las búsquedas de lugares solitarios y los tiempos de ahorro para poder pagar una habitación de motel. Cada día nos vimos menos. Hasta que la distancia se hizo definitiva. Sin dolor. Sin disgustos. Sin explicaciones.
Me visitabas de vez en cuando y yo también iba a veces por tu casa, más por saber de tu familia que por encontrarte. Con frecuencia nos cruzábamos en la puerta. Yo llegando y tú y Juanma saliendo. Besos en la mejilla, fuertes abrazos y
-Hasta luego, nos vemos.
-Te quiero, nena.
-Igual yo, amorcito- Palabras, frases, gestos de afecto superficiales aunque sinceros. Sólo eso, Armando, iba quedando.
Apareció Arturo en mi vida. Apasionado. Maduro. Fuerte. Con una magnífica posición económica. Decidido a formar familia. Acepté. Estaba de nuevo enamorada. Celebramos el compromiso.
Rogelio, nuestro amigo común, amor, me preguntó un día
-¿Es cierto que Armando tomó el camino oblicuo?
-¿Camino oblicuo?- pregunté -¿Qué es eso?
-Bueno, tú sabes, que se desvió...
-¿Consume?- interrogué de nuevo.
-¡No chica, se pasó a la otra banda. Es maricón. Aunque también consume...
-¡No! ¡Jamás! ¡Y tú sabes que a mí me consta!- respondí riendo.
No quise hurgar en el asunto. No me interesó, amor. Continué con mi vida y mis planes matrimoniales. Cuando éstos se consolidaron ya no frecuentaba tu casa. No nos comunicábamos. Me casé con Arturo. Sin pensar en ti. Sin recordarte. Sin que me hiciera falta la luz de tus ojos verdes, almendrados. Supe que habías llorado el día de mi boda. Abrazado a tu hermana reconociste que, definitivamente, me habías perdido.
Más tarde me enteré de tu mudanza de la casa paterna para compartir un apartamento con Juan Manuel. Fue en las cercanías de tu nueva vivienda cuando nos encontramos, Arturo y yo, contigo. No nos hablamos, sencillamente nos abrazamos, fuerte, muy fuerte amor. Por unos pocos segundos permanecimos abrazados. Arturo mudo y furioso contempló la escena sin chistar. Nos separamos. Vinieron las presentaciones de rigor. Los "Mucho gusto" de la buena educación. La despedida con beso en la mejilla.
Pasó algún tiempo, amor, hasta encontrarnos en el entierro de la mamá de Cecilia. Yo, embarazada de mi primer hijo, casi a punto de dar a luz. Dijiste, riendo ante la imposibilidad del abrazo:
-Guardemos las distancias, Nena. Estás preciosa, como siempre.- Y creyendo ver una sombra en tus espléndidos ojos verdes, tomé tus manos y las puse sobre mi vientre abultado. Reímos juntos, creo que con cierta nostalgia.
No volvimos a vernos, por años. Cuando con mis hijos que ya contaban nueve y siete años, estaba de compras en el centro comercial, nos encontramos. El mismo abrazo largo y apretado. Y un susurro de tus labios en mi oído:
-¡Te amo, Nena- Una risita mía como respuesta y las consabidas presentaciones
-Mis hijos, Arturito y Lucía- Gestos amables de tu parte y sonrisas. Despedida.
-¡Hasta siempre, amor!- dijiste. -¡Hasta siempre!- respondí. Y luego el niño:
-¡Mami, te dijo "amor"!-
-Sí, cariño, nos conocemos hace mucho, somos como hermanos-
Esa fue la última vez que nos vimos, amor. La luminosidad de tus ojos verdes me acompañó por unos días. Luego, esa luz se fue apagando como un atardecer y se sumergió en la penumbra del no-recuerdo.
Más tarde supe de tu dolor y de tu rabia cuando Juan Manuel se casó con Otilia Vargas. Te quedaste viudo, amor. Ella y yo nos encontramos en la vida años después. Ambas tuvimos la delicadeza de no nombrarte. Y cuando Arturo y yo nos divorciamos, tú evitaste el encuentro...
Hace como diez años, creo, Rogelio abrió de pronto la puerta de mi oficina y asomó la cabeza diciendo:
-¡Se muere, amiga! ¡Armando se está muriendo!
-¿Cómo? ¿Por qué?- pregunté sin saber qué más decir.
-Tiene sida. No quiere ver a nadie. Está en casa de su hermana Hortensia-
Busqué, amor, entre libretas viejas y hallé el número de teléfono de Hortensia. Llamé. Una voz juvenil me respondió y me dijo, al preguntar por ella:
-No está. Todos fueron al cementerio. Están sepultando a mi tío Armando...
-Lo siento- dije con voz de llanto y colgué el auricular.
No sé por qué hoy, amor, en medio de la noche, fue tu rostro la imagen que percibí al despertar.
[Septiembre/1999]

jueves, 23 de agosto de 2007

P E R Ú





Un poco tardíamente, por problemas técnicos, incluyo estas reflexiones sobre la tragedia del Perú. No he querido pasarla por alto.

El asombro, la sorpresa y sobre todo el sentimiento de impotencia, me han dejado como sonámbula al observar, en la pantalla de la tv, las dimensiones del desastre que asola al país vecino: la naturaleza, terrible, insañándose siempre en quienes están menos preparados para enfrentarla. Y la precariedad de los recursos para hacer llegar la ayuda de una manera oportuna. ¿De quién es la culpa? Si la madre natura tronchó las vías de conexión ¿De quién es la culpa? Nadie está preparado para la tragedia. Ni la personal ni la colectiva. Nos ofrecen charlas sobre cómo actuar en momentos de desastres para lograr una precaria supervivencia. Pero la prevención sobre los grandes males, como son las carreteras destruidas, entre otros, no se da. No se preven tales situaciones. Tal vez porque no resulta fácil preverlas. O porque no hay salidas ¿Quién sabe?



Lo cierto es que hay un grupo de seres humanos desvalidos, sus vidas devastadas tanto como su entorno, familias y vidas truncadas. Y otro grupo de seres humanos, lejanos, ajenos a la desgracia aunque no indiferentes, haciendo acopio de enseres y alimentos que aminoren, en una milésima parte, las carencias y sufrimientos del primer grupo. Y las pantallas de tv mostrando el conjunto de envíos, en apariencia de exagerada magnitud, pero siempre insuficiente. Y el caos para su distribución. Para que a cada quien le llegue la pequeña cuota que le corresponde y que le ayudará a hacer menos terrible su situación ¡Nunca menos dolorosa!




Y en medio de tanto dolor y tanta angustia quienes esperan pescar en río revuelto y lograr para sí un beneficio con la desventura "del otro"
-"Te ayudo, sí, pero espera. Que primero debo pensar en mi recompensa". ¿Será que NUNCA les tocará a ellos?

Después de los primeros días van dejando de "ser noticia". Otros acontecimientos vienen a suplantar su tragedia, que es infinita, que no pasará así no más. Nuevos asuntos colman las pantallas de la tele y cada quien va ocupándose de sus propios asuntos. Con el tiempo, iremos olvidando a "nuestros hermanos de...", de donde sea que el desastre haya surgido. Ellos permanecerán por meses, a veces hasta por años, a veces hasta por siempre, esperando y luchando porque sus vidas "vuelvan a la normalidad". Una normalidad que se les escatima porque han perdido demasiado y nada existe que pueda sustituir ciertas pérdidas.

El sentimiento de nuestra angustia compartida, de nuestra solidaridad hacia esas personas...



¡NO ES SUFICIENTE!

jueves, 26 de julio de 2007

L A F E L I C I D A D











(Cortesía de Gustavo MISLE)




Si alguien pregunta ¿Cuál es la finalidad de de tu vida? Sencillamente respondo:


-Vivir y ser feliz... Y ¿Soy feliz? ¡Definitivamente, sí! Y no puede ser de otra manera porque fue una decisión tomada a conciencia.



He tenido momentos aciagos. Y, posiblemente, todavía me quede uno que otro por vivir. Pero los soportaré. Viviré mi tristeza si es que me toca vivirla una vez más... Mas, a pesar de esa tristeza, o del dolor que la cause, seguiré siendo feliz.


-¡Está loca! Dirán. Pero no, no lo estoy: En un momento de mi vida en el cual me encontré sumida en una profunda tristeza pensando que ya nada bueno podría sucederme y que mi existir era un pozo oscuro y hondísimo, lleno de desaliento, miré dentro de mí y me agradó lo que vi. Me gustó mi fuego interno, luminoso y cálido. Denso en aspectos buenos y no tanto, pero propios de mi humanidad. Tomé conciencia de que tenía un valor que no había sabido apreciar. Que había vivido hasta ese momento deseando y procurando el aprecio ajeno mientras me negaba el propio. ¿Cómo puede ser apreciado quien no se ama a sí mismo?





Fue una decisión de un momento, que tomé frente al espejo. Me hablé. Con firmeza. Pero con dulzura. Sin reproches. Me dije cosas gratas... y comencé a sonreír. No he dejado de hacerlo desde entonces, porque aquella sombra que yacía en un rincón, abatida y triste, se levantó y dejó de ser sombra para transformarse en luz. Lo ilustraré con un lugar común: Como el Ave Fénix, renací de mis propias cenizas. Y me di cuenta de que esa era la felicidad: caer, pero poder levantarme. Una vez, dos... mil veces. Y otras tantas: ¡Arriba! ¡Que la vida es bella!





Ciertamente, la felicidad es un estado de ánimo. Un sentimiento. No es una condición permanente y sucesiva. Sería aburrido. No es ese estado utópico de euforia constante. La que nos prometieron los cuentos de hadas y las novelas rosa. La felicidad consiste en algo tangible, no porque podamos tocarla sino porque podemos percibirla, sentirla, pero de una manera práctica. No quimérica. Cuando entendemos quiénes somos y cómo somos. Cuando llegamos a apreciarnos como un ser único e irrepetible. Cuando con sinceridad reconocemos en nosotros nuestras debilidades y defectos y nos hacemos el propósito de ir mejorándolos, cada día un poquito, paulatinamente. Cuando sin falsas posturas de humildad pero sin pedanterías reconocemos nuestras virtudes y fortalezas y nos proponemos sacarlas a la luz, promocionándolas con elegancia, en todos esos momentos estamos siendo felices, indefectiblemente. Con frecuencia algunas personas rumian una infelicidad que no les corresponde: tienen mucho para ser dichosas, pero no lo advierten... Consumen parte de su vida en lamentaciones porque, al estar sus anhelos más allá de la realidad, no perciben que cuentan con tesoros capaces de atraerles la ventura.


Por supuesto, la felicidad también tiene una explicación fisiológica: las endorfinas, dicen los entendidos en la materia, producen estados de felicidad en el ser humano. Es una de las causas de la adicción al chocolate -afirman- porque éste las contiene o las produce. El sexo libera endorfinas y nos hace sentir felices. Pero esas "ayudas" no conducen a que las personas sean felices sino que proporcionan momentos de euforia. Démosles sus justas y respectivas dimensiones dentro de nuestro vivir.


Por otra parte, la felicidad no depende más que de uno mismo. Nadie puede hacer feliz o desdichado a otro. No obstante, desde la infancia nuestros padres repetían sus deseos de que "encontráramos alguien que nos hiciera felices". Eso se convirtió en una etiqueta, en un cliché, en un ritornello que nos acompañó por mucho tiempo. Y pasamos buena parte de la vida en busca de alguien que nos hiciera felices. Y nosotros ¿Podemos hacer feliz a alguien? No. Tampoco. Ninguna persona tiene esa potestad. Es nuestra personal responsabilidad: Somos felices al lado de una persona porque la aceptamos con sus defectos y con sus virtudes, sin intentar cambiarla. Amo a mi hija tal como ella es. Y tenerla conmico es para mí una felicidad, pero no porque ella me haga feliz sino porque me agrada que esté a mi lado, mimarla, disfrutar de su compañía. Si ella no me quisiera, sería también feliz por saber que la tuve. Y mi nieto: su presencia en mi vida me resulta una experiencia indescriptible. Junto a él soy inmensamente dichosa porque su compañía me es cara, a pesar de llantos o de malacrianzas. Amar a mis amigos me da felicidad pues me gusta amarlos. No escudriño en sus debilidades sino que aprecio sus virtudes. Son éstas las que me hacen amarlos y eso me llena de felicidad. Saber que los tengo. Que estarán allí para cuando los requiera. Pero más feliz me hace estar segura de que yo estaré a su lado cuando alguno me necesite.





Aunque la carrera que estudié fue la elegida, me agradó y aún me agrada, la profesión que las circunstancias me impusieron tal vez no se correspondió con mis anhelos, pero la ejercí con pasión y me dio muchas satisfacciones: saber que enrumbé algunos destinos por el camino correcto; que ayudé a varios en sus dudas y los animé a continuar cuando se sintieron débiles o defraudados. Mirar hacia atrás mi quehacer docente y constatar que no hice algunos esfuerzos en vano. ESO, ME HACE FELIZ.


Luché por un entorno hermoso donde vivir y lo obtuve. No solamente me costó alcanzarlo sino que me está costando conservarlo. Lucharé por ello hasta donde pueda. Cada obstáculo superado fue un momento de dicha. Haber vivido esa experiencia me hace feliz.



No me he trazado metas inalcanzables. Llegué tan alto como me propuse. No anhelo tener más de lo que tengo, solamente deseo conservarlo. Amo las cosas sencillas y me deleito con las pequeñeces que la vida y la naturaleza me ofrecen. Me gustan los atardeceres que contemplo desde mi jardín. Los cocuyos que iluminan mis plantas en las oscuras noches de verano. El manto de pequeñas luces que cubre mi espacio, junto a la luna amiga. El placer sencillo de contemplarlas para descubrirlas por sus nombres: cuando reconozco las estrellas, soy feliz. El croar de los diminutos sapitos coquí que por temporadas alegran los atardeceres y las noches lluviosas de mi entorno. El viento que mece frenético las ramas de mis árboles, tumbando sus frutos para facilitarme la cosecha. Comer mangos, hasta hartarme, bajo los mangueros que hace años planté. Los ires y venires de mis mascotas. Todo esto es fuente de felicidad.





Disfruto viajar hacia la capital por la carretera contemplando el paisaje, en la medida que la prudencia al conducir me lo permite. Un paisaje mil y más veces visto, pero nuevo para mí cada día. Eso es felicidad. Por todos esos pequeños portentos, cada mañana al levantarme, abro las ventanas ubicadas a la cabecera del lecho. La luz entra a raudales en mi habitación, amplísima y desordenada. Y miro hacia afuera y hacia arriba con un único propósito: agradecer al Altísimo por ese nuevo día que espero que sea mejor, o igual, que el de ayer. Porque ¿Cómo no creer en Dios si me ha dado tantas cosas y tantos seres a quienes amar? Y me concedió la potestad de ser la líder de mi vida y de saber perdonar. Disfruto la lectura, amo los libros. Soy feliz por leerlos y poseerlos. Los atesoro. Me complazco en escribir: poemas, cuentos, novelas que no publico pero que están allí. Son mi obra. Soy feliz cuando escribo, cuando leo, cuando escucho música o el trinar de las aves en las frías mañana de mi ambiente. Por todo eso agradezco a Dios. Y soy feliz.

Se avecinan tiempos tormentosos para nuestra vida. Ya estamos sintiendo los embates de los primeros ventarrones. Pero me estoy preparando para hacer frente a las situaciones por venir. Como quien se prepara para la llegada de un ciclón. No será fácil. No lo está siendo ya. Serán tiempos de pérdidas, de ausencias, de abandonos, de nuevos desarraigos. Tiempos duros. Como la vida. Que no es fácil. Pero sigue siendo bella. Y SOY FELIZ.





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P R O V E R B I O S


  • "El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace." león TOLSTOY.


  • "La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz". Proverbio escocés.


  • Conócete, acéptate, supérate." San Agustín.


  • ¿Por qué buscáis la felicidad, oh mortales, fuera de vosotros mismos?". Boecio

  • "Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias." John LOCKE.

  • "Al final lo que importa no son los años de vida, sino la vida los años." Abraham LINCOLN.


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¿Por qué no sonríe?


¿Por qué no sonríe la niña

si es hermosa

¿Por qué no sonríe la niña

si está sana?

¿Por qué no sonríe la niña

si aún es joven?

¿Por qué no sonríe la niña

si es amada?

¿Por qué aún atesoras, niña,

tanta ira

si te bendijo Dios

con tantos dones?



(Septiembre, 2000).







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viernes, 20 de julio de 2007

EL MISMO PREMIO - SEGUNDA RONDA

En mi post anterior sobre el reconocimiento "Thinking Blogger Award" me referí al deseo de haber incluido en él a otras compañeras de ruta: Rosa y Norka. No podïa hacerlo en ese momento pues me excedía en el nümero de galardonados que se me era permitido y ya me había sobrepasado en uno. Una persona entre las elegidas en aquella ocasión, declinó gentilmente su aceptación y, en consecuencia, quedó un lugar vacante. Por tal razón me permito la licencia de elaborar un nuevo post, donde le otorgo el premio




THINKING BLOGGER AWARD



A:






Como dije en su momento, mi elección se debe a que los post de Norka siempre tratan temas tracendentes, que convidan a la reflexión. ¡Felicidades Norka por ese merecido reconocimiento! Para no ser reiterativa, te invito a conocer los requisitos que este galardón impone en mi post anterior, donde están debidamente (¿?) especificados.

Espero no haber excedido las condiciones del otorgante. Aclaro que no he dejado a Rosa por fuera. Ella ha recibido, merecidamente, este galardón de parte de otro compañero, por su blog Poder Ciudadano.





¡INVITO A TODOS A BRINDAR POR NORKA!
















lunes, 16 de julio de 2007

THINKING BLOGGER AWARD

DECLARO QUE HE VIVIDO

(http://alpara7.blogspot.com/)









¡SORPREEEEESSSSSAAAAA!


Efectivamente, resultó para mí una gran sorpresa la noticia de que, mi amigo Genín (el Caballero Español - http://miherencia.blogspot.com/)me había honrado con la distinción


THINKING BLOGGER AWARD



Habida cuenta de que soy neófita en estas lides blogueras y de que mi espacio es, a veces, un desastre en cuanto a su presentación, no creí nunca que alguien lanzaría mi nombre "al aire de la fama". De allí la sorpresa. Pero... con cierta rapidez aquélla dio paso al agrado y... ¿Por qué no? a sentirme un tantito ufana... Al fin y al cabo no todos los días se recibe este tipo de distinciones. Luego, me invadió una cierta turbación producto del temor a no poder cumplir con las estipulaciones pero, me armé de paciencia y determinación y me dije: ¡Adelante! ¡No te arredres!


Y, en efecto, aquí estoy intentando cumplir lo mejor posible con tales requisitos. Por consiguiente, de inmediato paso a otorgar el


THINKING BLOGGER AWARD


a los siguientes compañeros de ruta blogerespacial:


La elegí porque la considero una excelente poeta de elegante sensualidad. Extraordinariamente sensible y de hermosos decires, con los cuales nos deleita casi cada día. Sus palabras iluminan la blogsfera.


Es una persona sensible, que nos ofrece post significativos y comparte con nosotros sus más grandes tesoros: sus hijos. A veces, con escuetas palabras, nos pone a cavilar. Por eso fue elegida.

CIUDADANO DE LUZ :


Él es un verdadero ser de luz. Por medio de sus diferentes blogs ofrece su mano amiga y sus esclarecedores comentarios sobre diversas y difíciles situaciones de la humanidad. Es un peregrino de la paz o un Quijote del ciberespacio. Cada una de sus moradas es un espectáculo para el espíritu. Son las razones de mi elección.


DESDE LA CALLE

Es la manifestación "bloguera" de una hermosa obra social, llevada a cabo en Caracas, por Deanna y su esposo, sin ningún apoyo oficial. Ofrece refugio y orientación a los "Muchachos de la calle" y ha rescatado a muchos del inframundo donde todo daño es posible y ninguna sonrisa se ofrece. Muchachos de la calle ha devuelto la sonrisa perdida, o tal vez desconocida, a varios hijos preteridos de esta tierra. Es la causa de mi selección.

EXPRESIONES.UN PUNTO DE ENCUENTRO :

(http://markapazos.blogspot.com/)

Lo incluyo en el premio porque sus poemas llevan, creo, el sentimiento de alguien que busca la perfección a través del amor. Se ofrece plenamente en sus palabras al objeto de su afecto y desnuda sin pudor sus sentimientos. Es un alma elevada.

Le otorgo el reconocimiento porque sus poemas son la expresión de sentimientos insondables que inducen a meditar sobre algunos aspectos poco gratos de la vida y las flaquezas de la naturaleza humana.


Me excedí en un blogger, con lo cual no he cumplido al pie de la letra con las instrucciones, como debió ser. No obstante, no tuve valor para eleminar ninguno de estos seis. Por fuera quedaron varios que habría querido incluir: Rosa, por su frescura y su calidad humana. Sus post son magníficos y su espacio ni se diga. Pero ella tiene tantos admiradores que, seguramente, ya es una de las premiadas. Norka, quien con su juventud, ofrece temas profundos para la reflexión. Y alguna que otra que se me escapa. Les pido disculpas. Si los procedimientos lo permiten, con gran satisfacción los incluiré en la lista, aunque sea a destiempo.

Ahora, indicaré qué debe hacer cada uno de los elegidos para poder acceder a esta distinción:

  1. Escribe un post e incluye en él cinco (05) Blogs que te hayan hecho pensar. Debes incluir enlace, link a cada uno de ellos, para que puedan ser visitados por otros compañeros de ruta.


  2. Coloca en tu post un link al post de Ilker, para que se pueda localizar el origen de este premio.


  3. Muestra con orgullo el THINKING BLOGGER AWARD, con un link al post que has escrito. Puedes elegir entre dos alternativas para el logo del premio: dorado o plateado, de acuerdo con el diseño de tu blog

Y, ahora, amigos ¡Manos a la obra y a disfrutar de su premio! Un fuerte abrazo para cada uno.









































































































































































































































































viernes, 6 de julio de 2007

PASAJEROS DEL TIEMPO


Es el título de la última novela de la escritora venezolana Ilis ALFONZO. Fue impresa a finales del pasado año por Public Express, C. A., bajo la responsabilidad editorial de Rayuela, Taller de Ediciones, C. A. El diseño y diagramación de la obra corrrespondió a la empresa Bimedia 21, Diseño Editorial, y el de la cubierta es original de Víctor Hugo IRAZÁBAL. Empresas y personas residentes en Caracas, Venezuela. La autora ha escrito, además de varios trabajos de investigación literaria y libros de texto, las novelas Del color de la noche. Memoria de Quintín Contreras, y Al aire de tu vuelo, ambas aparecidas en 1998.

Está dedicada la obra, en primer lugar, "A Linda, compañera de siempre, por su consecuente afecto e incondicional apoyo". Luego, "A Ernesto, por esos retazos de sus recuerdos cuyos ecos se dejan sentir en algunas páginas de este libro". Y finalmente, "A Tito y Tato, por sus inolvidables preguntas". No es difícil adivinar de quiénes se trata: La hermana, amiga fraternal de siempre, compañera permanente, aún en ausencia, con una singular capacidad para el afecto pródigo en silencioso apoyo y dulce ternura, que trasciende los límites de su aparentemente frío laboratorio de investigación química. El esposo y alentador compañero quien comparte, también en respetuoso silencio, los insomnios creativos y la búsqueda, a veces ardua, de la palabra precisa o, enriquece con sus recuerdos el mundo de la imaginación fecunda de la autora. Por último, los pequeños sobrinos inquietos e inquisidores impenitentes, cuyas preguntas con frecuencia asombran y procuran sendas inesperadas para el relato.

¿Por qué un post para esta referencia bibliográfica? Dos poderosísimas razones: la amistad. De la buena. De la que nada pide y todo ofrece de manera eficaz y oportuna. Y la excelencia narrativa, la cual supera con creces la humildad de este comentario. Porque, si tengo este portal ¿Por qué no llenarlo con un producto de calidad y de cálido sentir? Nada más satisfactorio para mí que ofrecer este abreboca literario a mis amigos blogueros.

La obra fue presentada el pasado viernes 29 de junio, a las 06:30 p.m., en la conocida Librería Suma, en su eterno local del Boulevard de Sabana Grande, en Caracas. Doblemente grata la ocasión: por el significado intrínseco del acto de presentar una obra lograda y la oportunidad de reunir, en petit comitè, a un grupo de colegas, unidos, además de por las faenas docentes, por el afecto cultivado a lo largo de muchos años de compartir logros y sinsabores propios del oficio de enseñar. Fungió como co-anfitrión, Raúl BETHENCOURT, de origen canario, propietario de Suma, amigo de siempre y proveedor de nuestra herramienta básica, como estudiantes y más tarde como profesionales: los libros. Los que una vez nos vendiera se transforman hoy en el fruto de una nueva obra, no ya vendida sino ofrecida para serlo por su autora, otrora y actual asidua compradora. Pienso que todos los presentes hemos sido sus clientes al menos por más de dos décadas. Y, en mi caso particular, creo que estoy cercana a las cuatro.

Reunidos: amigos de la autora, en su mayoría compañeros de trabajo en la Escuela de Administración y Contaduría, de la FACES, Universidad Central de Venezuela. Otros pocos, de antigua amistad, como el presentador u "Orador de Orden", Guillermo Servando PÉREZ, destacado docente, ya jubilado, de la Universidad Simón Bolívar, venido desde los campos lejanos de la Madre Patria.

Conocí a Ilis a comienzos (o algo más) de los años 60, cuando junto a quien fue mi gran amigo y su primer esposo, iniciábamos nuestra carrera en la Escuela de Letras de la Facultad de Humanidades y Educación de la U. C. V. De allí que su dedicatoria en el ejemplar que me obsequiara, cálidamente manuscrita en la anteportada del libro, rece así:
Con especial afecto para Alicia, con quien he compartido tantas cosas a lo largo de muchos años, este intento de exploración por las apasionantes y abismales aguas del tiempo.


En efecto, de eso trata Pasajeros del tiempo. Un apasionado y apasionante viaje a través de los vericuetos de la memoria, lo que significa, como consecuencia obligada, un transcurrir por las sendas del tiempo, ese desconocido cuya existencia hoy comienza a cuestionarse.

Ese transitar en contrario que son los recuerdos de los dos personajes fundamentales, va tejiendo un entramado de simples y complejas situaciones y experiencias que, de pronto, tropiezan con un presente que ayudaron a conformar y que, de alguna manera, lo explican, puesto que lo condicionaron. En contraste, el drama de un tercer personaje que extravió sus recuerdos, al quedar amnésico a causa de un accidente. Recuerdos cuya ausencia lo moldean como un ser sin existencia, como un ser no sido, pues nada tiene que contar: Perdió el pasado; carece de asideros para su presente. No tiene existencia porque perdió la identidad. No sabe quién es ni cómo fue.
No abundaré en detalles sobre el argumento y sus personajes. No es mi intención escatimar a los posibles lectores el placer de acompañar a esos personajes por las sendas del recuerdo y la rememoración, o en la angustia de quien lucha por recobrar lo pretérito o, en su defecto, construirse uno para engañar, así, a una mente vacía del recuerdo, la cual, por tal razón, está a punto de transitar las rúas de la demencia.

La novela está escrita con detenimiento y máximo cuidado expresivo. Ofrece un lenguaje de altura sin ser rebuscado y el lector se sumerge en su trama por los túneles de sucesos expuestos con gran detalle, descripciones minuciosas y prolijas de lugares y personajes y encuentra, de manera natural, elevados valores del espíritu y de la estética en varios de sus campos, expresados, generalmente, a través del discurso de los personajes secundarios en sus conversaciones cotidianas, o en los densos y profundos monólogos interiores que los rememoran. No es la escritora entrometiéndose en la trama para ofrecer puntos de vista moralizantes y anticuados, son las personas que cobran vida en el relato e intercambian con los otros sus más profundos sentimientos, o en la conversación consigo mismo cuando echan al viento, para compartirlas con Selene y las lejanas estrellas, sus congojas o sus alegrías. Y es allí donde la autora, con evidente maestría narrativa, induce a los personajes a trasmitir las nobles virtudes que subyacen, tanto en el pensamiento religioso propiamente tal como en las posturas agnósticas de las personas. Ellos son personajes del ahora, contemporáneos, aunque no podamos ubicarlos en un tiempo o un espacio determinados. Sus vidas son atemporales pero actuales y en ello radica también el talento de la escritora: deja abierta a la imaginación del lector la posibilidad de situar esos personajes y lugares donde más convenga a su sensibilidad. Asimismo, los múltiples finales de la novela, de acuerdo con lo que cada lector, en su individualidad irrepetible, asigne a esta obra. Es decir, una obra densa por su contenido y no obstante, despejada en su desenlace, para permitir que el lector fabule de acuerdo con su personal inclinación.
No ofrece la obra la posibilidad de una lectura lineal: los planos del tiempo se superponen interceptando el continuo narrativo. Ello produce un efecto de tensión y de suspenso en quien lee, incitando la curiosidad por conocer más acerca de quienes hacen vida entre sus letras y el correspondiente desenvolvimiento de sus existencias. Pero el afán y la curiosidad no imponen una lectura rápida. Al contrario. Es necesario ir despacio para degustar, con lentitud, el extraño sabor de una trama compleja de destinos azarosos que se entrecruzan.

Finalmente, el amplio conocimiento de Ilis ALFONZO en cuanto a literatura, filosofía, psicología y otros saberes, queda palmariamente demostrado por la profusa utilización de epígrafes. Hábilmente elegidos para concordar con el retazo de trama que coronan. Para aquel quien gusta de la lectura minuciosa de los libros en todas sus partes, no solamente en su fondo o en la diagramación del texto, reconocer en los hechos narrados lo que una frase breve expone de manera lapidaria, es un entretenimiento anexo a la comprensión del contenido. Pero, para que este acto lúdico concluya con una ganancia por parte del lector, se precisa que éste regrese, casi impepinablemente, al epígrafe respectivo, para cerciorarse de la concatenación entre lo narrado y lo expresado tiempo atrás, tal vez siglos, por un autor lejano, cuya relación con la obra es solamente el producto de una mentalidad acuciosa y de una pertinaz lectura.

Solo me resta decirles a mis amigos de la blogosfera que les recomiendo ampliamente la lectura de Pasajeros del tiempo y que, lo más probable, es que ninguno quede defraudado por ella. Asimismo, que aguardo la retroalimentación de quienes tomen boleto como un pasajero más de este singular vehículo que es el tiempo.