lunes, 7 de abril de 2008

P R E M I O "P A R A C E L S O"

Hoy se engalana mi blog con una joya extraordinaria: EL PREMIO "PARACELSO" creado por nuestro muy querido amigo Gerardo OMAÑA ("Imaginaria"). Es un honor recibirlo y un orgullo exhibirlo dado que es un trofeo otorgado por alguien de sensibilidad extrema. Visitar su espacio es un deleite para el espíritu por tres razones: su poesía, delicado homenaje al eterno femenino, sus bellas imágenes y la dulzura de la música que acompaña a las dos primeras.
Al aceptar este inmericido galardón me comprometo a concederlo, a mi vez, a cinco amigos del ciberespacio adueñándome de lema de Gerardo:
"Desde Imaginaria por tus letras y tu magia" ...

Por supuesto, en este caso el Premio no proviene de Imaginaria sino de Declaro que he vivido:
PA R A:
  1. Ulysses (Jaquemate): Por su labor divulgativa de la cultura universal. (http://franciscomendez.blogspot.com/)
  2. Genin (Mi herencia): Por sus simpáticos comentarios sobre temas actuales, a los cuales impreme su magia personal. (http://miherenciablogspotcom.blogspot.com/)
  3. Roberto Esmoris Lara : Por sus hermosas letras llenas de magia y dulzura (http://quenoseademasiadotarde.blogspot.com).
  4. Gustavo Misle (Gustamis): Por su magia poética ilustrada, en muchos casos, por su magia pictórica y por su lealtad a Deanna. (http://gustamis.blogspot.com/)
  5. Guillermo Soto García. También por la magia de sus letras. (http://gsotogarcia.blogspot.com/).

    Cada uno deberá, si lo desea, otorgar el premio a otros tantos contactos (o a más). Para copiar el logo, les ruego que se dirijan al sitio de su creador, Gerardo Omaña. Allí encontrarán la clave o llave que les permitirá trasladarlo a su blog. El logo tiene movimiento pero yo no he podido lograr copiarlo y llevarlo a mi lugar. Este inconveniente ha sido la causa de mi retraso en el otorgamiento del galardón. Felicitaciones y un fuerte abrazo para todos y cada uno de ustedes. Alichín

viernes, 4 de abril de 2008

SÓLO IRA




Había nacido para la felicidad y la risa, pero eligió el camino de la ira. Creció entre mimos, con la mayor parte de sus deseos satisfechos. Amó los animales y las plantas. Se regodeó en la visión de flores coloridas y en la audición de trinos melodiosos y diversos. Vivió el asombro de observar los cocuyos iluminar árboles oscuros en la oscuridad de noches sin luna, aprendió la emoción de observar un cielo límpido al fulgor del plenilunio y conoció, bajo la varita mágica que se le antojaba el bastón del abuelo, los nombres de muchos de los farolitos que parpadean allá lejos, en la bóveda celeste.

Se adormeció en las noches de brumas y de frío, al calor del arrullo de canciones de cuna inventadas para su sueño por la alegría de la abuela y, de ésta, conoció la carcajada loca y cantarina con la cual adornó todos los años de su muy larga vida.





Así creció y se convirtió en un ser adulto. Ya para entonces, la ira se había convertido en su inseparable compañera: el ceño siempre adusto y los labios contraídos en un rictus de amargura inexplicable. Cualquier nimiedad disparaba su humor agresivo, su acritud… Has
ta que le llegó el momento de la presencia de los hijos. Se dulcificó su sonrisa, el rostro se distendió en una placidez llena de amor y de ternura. Sus momentos de ira se interrumpían al lado de los hijos para tornarse en suaves caricias y palabras llenas de afecto.

Duró poco… Aquellos momentos fueron siendo ganados por el desagrado y el mal humor y, cuando éste aparecía, los niños eran víctima de un irracional comportamiento. Si bien jamás los maltrató físicamente (pues nunca había conocido el maltrato) en cambio empleó gestos y gritos que los amedrentaban. Y esos instantes de ira se fueron sobreponiendo a los de amor y ternura…








Y un día, sin saber cuál fue el origen, en la plenitud de la cólera tomó entre sus manos al más pequeño de sus hijos y comenzó a moverlo, con brusquedad, hacia delante y hacia atrás. Los ojos se encendieron, el cerebro se embotó y todo se tornó rojo a su alrededor: se borraron aristas y figuras envueltas en una marejada carmesí…

…Solamente el enojo…




Nota: Si las imágenes que ilustran esta entrada están sujetas a derechos de autor, se agradece notificárnoslo para proceder a su inmediato retiro. En ese caso, pedimos disculpas por las molestias ocasionadas.

jueves, 27 de marzo de 2008

De niños, iguanas y gatos

MÁS IMÁGENES PARA ENTRETENER... ¡Y VA CON MÚSICA! NO ME GUSTA MUCHO LA MUSIQUITA, PERO ES LO MEJOR QUE PUDE ENCONTRAR PARA COLOCAR (AÚN NO SÉ CÓMO UTILIZAR MIS PROPIAS GRABACIONES). ESPERO QUE LES GUSTE Y SI NO... ¡PORFA! ¡NO ME LO DIGAN! FUERTES ABRAZOS Y BESAZOS. ¡CIAO!

[P.S.: MÁS ABAJO HAY MAS FOTITOS...]

De iguanas, niños y paisajes I

PARA ENTRETENIMIENTO DE MIS AMIGOS BLOGUEROS... CON UN FUERTE ABRAZO PARA CADA UNO...

miércoles, 19 de marzo de 2008

EL GRAN AMANTE




Lo que voy a relatar es un jirón de vida. De vida maravillosa ¡Espléndida! Y es un relato triste porque está humedecido por el llanto. El de la despedida. El del adiós sin remedio…
¿Qué es la amistad? Me pregunto… Es dejar correr el llanto sobre el ataúd donde yace mi amigo. El amigo de tantos años que se fue silenciosamente, sin un grito, sin un ¡Ay! Sin decirme adiós. Cerró lo ojos como un niño que se entrega al sueño y así, quedito, pasó de la vida a la eternidad en una madrugada de marzo.

A un lado del féretro, en la hilera de sillas colocadas con la mayor compostura, como requiere la ocasión, está ELLA: LA COMPAÑERA… Disminuída por la congoja deja fluir un llanto silencioso… Creo descubrir en sus labios crispados la sombra de una sonrisa: la del recuerdo de los buenos tiempos.

Me acerco. La abrazo sin decir nada porque en ese momento ¡Nada sirve! Nos separamos y quedamos mirándonos, intercambiando en las miradas casi cincuenta años de afectos, de vida compartida en muchos trechos…

Me dice como interrogándome: -¿Cómo podré vivir sin ese hombre que me amó tanto? ¡Me amó tanto! ¡Desde el primer día en que me vio hasta que dejó de vivir!








( * )

En efecto, su amor por ella nunca se fue de vacaciones… Durante cincuenta y ocho años, los 365 días de cada uno los vivió junto a ella y para ella. ¡Con qué devoción la miraba, con cuánta delicadeza la trataba!

Y, por fortuna, fue dichoso junto a ella porque, de la misma manera, ella le correspondió. Se complementaron de una forma casi perfecta…

Desde abajo, luchó como nadie para salir adelante. Fue un triunfador. Un hombre de éxito: escaló posiciones a esfuerzo permanente y mantenido. De la escasez pasó a la abundancia. La vida premió su tesón. Le dio riqueza material y espiritual. El amor floreció en siete hijos. Ninguno torció la ruta. Todos crecieron inmersos en la bienaventuranza de ese amor sin límites. Como padres también fueron exitosos.

Son los padrinos de mi única hija. Yo amadriné a una de los suyos. Doble vínculo de afecto y de amistad. Por eso, he querido dejar testimonio en su memoria… En su recuerdo. Para el buen amigo. El excelente padre … ¡EL GRAN AMANTE!

¡Paz a su alma! ¡Au revoir, mon ami!







( * )



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Son reflexiones de Alichín, a las 2:45 a.m., In memoriam de un gran amigo recientemente desaparecido.



( * ) Si las imágenes que ilustran este post están sujetas a derechos de autor, se agradece notificárnoslo para proceder a su retiro inmediato. En tal caso, pedimos excusas al (a los) autor (es).

martes, 4 de marzo de 2008

D E S A M P A R O




Apenas ocho contaban entre ambos: cinco añitos ella, tres él. A través de los barrotes herrumbrosos de las pequeñas ventanas, veían pasar el tiempo y una vida menesterosa y sucia. Su único mundo conocido: Soledad, hambre (de alimentos y de afectos), miedos…

A sus escasos años, su existencia los había enfrentado ya a lados oscuros: sevicia y violencia. Con frecuencia habían visto fornicar a la madre, al oscurecer, siempre con un acompañante diferente. Algunas veces el jadeo incomprensible para ellos terminaba en golpiza, gritos ahogados de la madre, sangre chorreando por el rostro pintarrajeado y mugriento… finalmente, un portazo tras la figura masculina que no volverían a ver.


Hijos de varios padres, nunca sabrían a ciencia cierta quien los engendró. Quién había depositado en la maltratada vagina de la madre el indispensable complemento, tal vez cundido de genes maltrechos y portadores de secuelas sifilíticas.

Con todo, eran físicamente normales. Nada en su apariencia (a no ser la suciedad) delataba la precariedad de sus vidas. La cochambre y el vacío de infancia en la mirada triste eran los únicos signos de su miseria.

Y… tal vez el miedo… reflejado en sus rostros surcados de lágrimas secas sobre las mejillas polvorientas.

Al amanecer, diariamente, la madre se marchaba a cumplir con un trabajo miserable, dejándolos encerrados. Solitarios, sentían miedo sin saber por qué… Sin comprenderlo, experimentaban el desamparo irremediable y cotidiano durante catorce, quince o más horas hasta que finalmente la madre regresaba, acompañada por algún malhechor desconocido. Sólo cuando el amante de turno se marchaba cesaba en ellos la sensación de desamparo, de soledad implacable.

Y ese sentir el desamparo, inexplicable pero incrustado en cada uno de sus poros se fue haciendo cada vez más prolongado. Hasta que ni siquiera la presencia maternal pudo ahuyentarlo. Y así fueron creciendo, entre carencias no identificadas porque nunca supieron qué era el tener algo. Salvo pedazos de juguetes encontrados en los vertederos y los harapos con los que cubrían sus cuerpecitos.

Algunos años más tarde, pocos, cuando ya podían abandonar la casa solitaria, solían dar largos paseos por el propio y algunos barrios aledaños. Cada vez un poquito más lejos, cada vez una nueva aventura. Jugando a las escondidas se refugiaron en un contenedor donde se recolectaba la basura del lugar, la cual se desbordaba casi siempre pues, los recolectores oficiales pasaban sólo una vez al mes.


En esa podredumbre se fueron hundiendo los dos niños, creyendo que jugaban…
A alguien, consciente o no, se le ocurrió tirar un cerillo encendido sobre el montón de desperdicios que rápidamente prendió fuego… Algunos gritos salieron a la superficie, casi inaudibles… Nadie sintió ni oyó nada… Allí quedaron calcinados los dos cuerpecitos, presas de su desamparo y su infortunio.

La madre los buscó, acongojada, por unos cuantos días. Luego dejó de hacerlo y la congoja huyó cuando cayó en cuenta de que, sin ellos, la vida había comenzado a ser un poquitín más fácil. Aunque, de alguna manera, ella también comenzó a sentir el desamparo.





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NOTA: Si el empleo de las ilustraciones de este post vulnera algún derecho de autor, se agrade notificárnoslo para proceder a su inmediato retiro. En tal caso, pedimos disculpas a los interesados.
Texto: Derechos reservados: alpara7 (A.P.R.)

martes, 26 de febrero de 2008

¡BON JOUR, ALLÉGRESSE!!

(*)

Sí… ¡Bienvenida, alegría!!! ¡Adelante, felicidad! … ¡Au revoir, tristesse!

Decidle adiós a la congoja, al sufrimiento. Abrid las puertas a la dicha… Las tristezas, los malos momentos (inevitables para todo ser humano en algún recodo de la vida) son pasajeros, no permanentes. En la vida nada lo es. Todo tiene su momento: su principio, pero también su final. Decirle “good by” a la pena no quiere decir ¡No llores! ¡No! Llora, todo lo que puedas, cuando ello sea necesario. El llanto alivia y lava el alma, ilumina la mirada triste… No se lleva la congoja en su fluir, pero calma el ánimo.
No te ancles en la desventura, déjala pasar… Ni te solaces en ella. No es bueno. Cuando una pena inevitable te agobie, compártela. Si no tienes con quien conversa con El Altísimo…Él te escuchará con toda seguridad y te dará la solución, o el consuelo. Comenta tu pena contigo mismo/a, en algún paraje solitario y hermoso. En voz alta, como si recitaras un poema. Junto a las palabras que el viento llevará consigo irá un pedacito de esa pena, como hermanitos tomados de la mano. Deja correr tus lágrimas contemplando la maravilla de un ocaso. A través de ese cristal húmedo, la imagen la verás distorsionada pero no por eso menos bella. La contemplación de la belleza ayuda a mitigar las penas.






Hay penas imborrables, indelebles. La que produce la muerte es una de ellas… Tienes que aprender a vivir con esa pena para el resto de tus días. Pero no siempre tendrá la misma intensidad. El tiempo cumple su faena y aligera las cargas que lastiman el alma… ¡Seguro! ¡El tiempo! ¡Qué buen amigo, el tiempo!!!

La felicidad no es un estado permanente, así como la desdicha tampoco lo es. La felicidad llega por momentos, largos o cortos, no importa… Disfrútala y atesórala para los días aciagos. Recordar la dicha en tiempos de tristeza nos hace sonreír en mitad del llanto. Pero, los mejores instantes de felicidad son aquellos en los cuales estando caídos, logramos levantarnos con esfuerzo. Imagínate la escena: “derrotado/a en un rincón, hecho/a un ovillo, lentamente levantas la mirada al cielo y, con dificultad, vas dejando el suelo para finalmente, erguirte y darte cuenta de que has vencido, de que has superado la desgracia… En ese momento, una sonrisa amplia iluminará tu rostro acongojado e irá transformándolo en la brillante faz que emana del triunfo de la vida sobre la desgracia, de la luz sobre la oscuridad…” En ese momento, repito, estás siendo inmensamente feliz porque te sabes capaz de derrotar lo adverso y negativo…
¡No aspires a una dicha permanente! ¡Sería aburrido! Vive tu vida como la suerte o los designios divinos te la entreguen y aprende a tomar lo bueno para el disfrute y lo malo para el aprendizaje. Así encontrarás la felicidad. O, mejor, la plenitud.
No olvides que la vida es bella y que, la peor de las vidas merece la pena de ser vivida


¡Au revoir, tristesse!! ¡Bon jour, allégresse!!
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Son reflexiones de Alichín, a la media noche del 22/02/08
(*) Si esta fotografía tiene derechos reservados, se agradece notificárnoslo para proceder a su
inmediato retiro.